martes, 31 de marzo de 2020

CORONAVIRUS


EL YA FAMOSO CORONAVIRUS

Bogotá, marzo 31 de 2020
Hola, amigos: 

Creo que a todos nos ha pasado en esta emergencia por la presencia del coronavirus en nuestras vidas, que nos hemos planteado algún tipo de análisis sobre nuestra vida anterior, o la que está por venir para cada uno de nosotros. Yo me replanteo, por supuesto, varias cosas sobre mi actuación propia frente al país y frente a las personas de mi entorno, pero también frente al mundo en general.

Una de ellas, entre muchas otras, es el turismo como beneficio para la humanidad. Hemos llegado a un escenario en el que el planeta se está desmoronando por culpa de nosotros los humanos. Ya hemos visto algunas imágenes sobre el renacer de la fauna silvestre, de los bosques, de los mares, de los ríos, y sólo llevamos unas pocas semanas de descanso en nuestras casas. Ya el mundo lo agradece con estas manifestaciones de alegría por nuestra quietud.

Siempre me alegré porque el turismo traería bienestar a muchas familias del país por la afluencia de personas con dólares para gastar, lo que nos haría muy felices al final de las cuentas hechas en lo económico. Pero en estas reflexiones obligatorias de estos días, me replanteo el turismo masivo que está acabando con el orden del planeta. Las playas y los océanos son una inmundicia por la basura del turista. Nuestros sitios hermosos, como Caño Cristales, como San Andrés, como El Amazonas, como la Sierra Nevada, están en peligro inminente de ser destruidos por esa afluencia de turismo masivo, con todos sus males inherentes. Regiones hermosísimas como la del Quindío están a punto se ser saturadas por esa presencia dañina de turistas, acabando con el Valle del Cocora. Otras como el pueblo de Taganga, cerca de Santa Marta, ya prácticamente murieron como sitios preciosos, por culpa de un turismo mal entendido, mal manejado, en busca de sexo, drogas, y excesos en todos los sentidos.

Cartagena es una ciudad invivible, con un desorden total, con las aguas y playas contaminadas por los cruceros, con turismo sexual y de droga, con prostitución rampante, con pobreza extrema, impulsado por esos turistas que llegaron por miles, y que más mal que bien han traído a esa ciudad. Ya vemos las fotos recientes de la bahía de Cartagena con un mar de colores como hacía muchos años no se podía disfrutar. Se deduce que ese turismo masivo es causante de muchos males, superando el bienestar que pueda traer a algunas familias.

Sabemos de la enumeración de males, que además no es nueva, por la multiplicación de cruceros en el mundo, regando basura, excrementos, petróleo, en general, contaminación. Y conste que soy un gocetas con un crucero como paseo, me parece delicioso. Pero me he puesto a pensar en ello, y me ha revolcado mis pensamientos.

Por lo tanto, desde ahora abogo por la disminución drástica del turismo masivo con todos sus males. Las fronteras se deberán cerrar cuando ya se haya copado su capacidad de reciclaje. Cuando Cartagena, o cualquier sitio en el mundo llegue a cierto nivel de saturación, debe cerrarse para nuevos turistas. Así como ahora no podemos entrar a un banco, a un almacén o a un supermercado mientras no salgan algunos de los que estaban dentro, pues así mismo deberá funcionar el mundo. Esto se llenó, esto se saturó, y lo peor es que no he oído muchos comentarios al respecto, y menos aún de las autoridades. En la arena de Playa Blanca, en Cartagena, ya no cabe la gente, ni los vendedores, ni se goza la playa, ni se disfruta el mar, por la contaminación auditiva, visual, de basuras, de gente; eso no es hermoso en la forma en que se maneja hoy por parte de la autoridad. Tiene que haber un control para estar allí antes de que se acabe con esa belleza natural.

Comparaba yo una exposición de fotografías de gran tamaño de las pinturas de la capilla Sixtina que se presentó hace un año en Bogotá, con la realidad de esa misma capilla llena, absolutamente repleta de gente, en la que no se puede apreciar el arte, pues esa marea de turistas empuja y obliga a pasar sin siquiera detallar nada. Realmente, me gocé más la exposición de Bogotá, con calma, sin afán, que la visita en Roma para apreciar a Miguel Ángel y su obra extraordinaria. Y así se multiplican por cientos los lugares de turismo masivo que no se pueden apreciar en toda su magnitud por la aglomeración de personas en ellos. Valga esto para intentar decir que el tal turismo masivo no es lo más agradable para los sentidos. Por mí, El Taj Majal se puede derrumbar con mi permiso, pues no estaré por ese sitio para dar vueltas de turista consumidor corriendo y contando a mis amigos que lo conocí. Gracias.

Y lo mismo pasa en París, en Madrid, en Nueva York, en Bogotá, en muchos sitios del mundo, en donde ya no es posible disfrutar de un lugar con tranquilidad, en la soledad, sin ser atropellado por una oleada de gente que anda con afán, con la necesidad de ir a más sitios a hacer lo mismo, sin dejarse tocar por las bellezas que no aprecia en ese afán de hacer turismo.

Yo no sé qué tanto éxito podrán tener mis preocupaciones como ideas para los gobernantes, en busca de resolver este problema. Realmente no es mucho lo que yo puedo hacer por el mundo, pero al expresar mis pensamientos puedo sembrar una idea para que alguien pueda hacer más que yo al respecto.




Un saludo de amigo,


ALBERTO BERNAL TRUJILLO



lunes, 4 de noviembre de 2019

CHILE, ECUADOR, BOLIVIA


CHILE, ECUADOR, BOLIVIA

Bogotá, noviembre 4 de 2019

Hola, amigos:

Existen conceptos que uno puede expresar, y que causan escozor entre muchas personas porque no encajan en la mentalidad de los que defienden causas de ambientalismo, justicia social, derechos de las minorías, o por otras causas. Pero es necesario expresarlos, por convicción propia y por salud mental, para no quedarnos atrofiados al no sacar a flote nuestros pensamientos, aunque vayan en contravía de la lógica de procedimiento de cómo el género humano ha vivido a través de la historia.

Ejemplo de lo que digo, es la situación de protestas que hoy existe en Chile, especialmente, pero también en Ecuador y en Bolivia, propiciada por motivos distintos, pero asociadas a un mismo propósito colectivo. Y no analizo la raíz de esos conflictos, sino sus resultados que han producido en la opinión latinoamericana.

En principio, defiendo el derecho a la protesta. En algo que difiero es en los métodos utilizados, especialmente cuando existe violencia y cuando esa violencia termina afectando a población ajena muchas veces al problema que se trata de solucionar, aunque suene a perogrullada. Y se dirá que los grandes cambios se han conseguido mediante procesos violentos, a lo largo de la historia, y en parte tienen razón. Pero no siempre es así. O la no violencia.

Considero, por ejemplo, que el M19 en Colombia, como organización, ha conseguido más reivindicaciones en su tiempo de “paz” que en su tiempo de “guerra”. La constituyente de 1991, el trabajo político de Navarro Wolf, sus logros en el congreso. ¿Ahora bien, que los logros posteriores no se hubieran conseguido si no hubiera existido su propia guerra? Es difícil saberlo, sin conocer una lucha política relacionada con este grupo antes de entrar a la lógica de la violencia.

¿La lucha armada consigue sus objetivos con su procedimiento? En algunos casos, sí, pero no siempre tiene respuestas afirmativas. Los logros de la guerrilla colombiana no fueron tantos en 60 años, por no decir ninguno, después del desgaste de todo un país, con miles de muertos, con destrucción, con odios, sin grandes triunfos políticos y sociales.

Hablando de marchas estudiantiles, ¿no es mejor, más efectivo, no ejerce mayor presión sobre un gobierno, el apoyo de tres rectores de universidades, de 10 académicos, de 15 profesores universitarios, con su presencia en las marchas, con 4 o 5.000 universitarios en ellas en vez de aceptar, o permitir, o invitar, no sé, a 20 vándalos que destruyen bienes públicos, buses, monumentos, y también almacenes, bancos, edificios? Creo que una marcha multitudinaria, con personas influyentes de su sector, sin violencia, es más efectiva que una con violencia, con piedra, ofendiendo al resto de habitantes, obstaculizando su movilización. Si hay legitimidad y se tienen derechos qué reclamar, los apoyos se consiguen, y son más influyentes y convincentes para conseguir sus resultados.

Sucede, también, lo siento cada día con más fuerza, que se acepta que existen derechos humanos, pero no se exhiben ni reconocen también que hay deberes humanos. Si yo tengo el derecho de protestar en una marcha a favor de la universidad pública, existen muchos otros colombianos que tienen el derecho a trabajar, y no lo pueden hacer porque no hay forma de transportarse. Pero se confunde el derecho a una protesta, con los métodos más justos o con los más injustos, afectando la vida de los demás. Para algunas personas, sus derechos son sagrados, pero los derechos de los demás no tienen importancia. Es decir, no hay deberes qué cumplir, por su propio egoísmo, incomprensión, vandalismo, odio, o simple desconocimiento de las realidades.

Y quiero ser consecuente en mi vida con el pensamiento y forma de obrar durante mis 40 y pico de años de trabajo.  Nunca solicité un aumento de salario, éste llegó por mi forma de actuar. Nunca solicité un ascenso. Cuando ocurrió, llegó como consecuencia de mi labor. Nunca presioné por un puesto. Cuando llegó un mejor trabajo, fue como consecuencia de mi rendimiento laboral. Con esto quiero resaltar que la violencia no siempre mejora las condiciones que se requieren. Los logros se pueden conseguir con trabajo, con diálogo, convenciendo el contrincante, actuando con firmeza, pero con convicciones, lógica y sin violentar a los demás.

Un saludo de amigo,


ALBERTO BERNAL TRUJILLO



viernes, 8 de febrero de 2019

HIDROITUANGO


HIDROITUANGO
Bogotá, febrero 8 de 2019

Hola, amigos:       

Yo vuelvo a escribir sobre nosotros mismos, sobre nosotros como colombianos, sobre nuestras condiciones humanas, algunas de las cuales no me gustan, no las entiendo, o en ocasiones se convierten en materia de hipocresía.

En estos días, mejor dicho, desde hace ocho o nueve meses que sucedió el taponamiento de los túneles en Hidroituango, dos por voluntad de los constructores, y el último por derrumbe interno, venimos hablando de la tragedia en esa zona de Antioquia, y he oído palabras y razones en todos los sentidos, desde muchas sensatas, hasta sandeces y tonterías, creyendo muchos que son técnicos en represas para hidroeléctricas.

¿Qué se cometieron errores en la construcción de la represa? Es probable que sí, y mucho lo han explicado sus funcionarios, entre ellos el gerente de EPM, con gran responsabilidad frente a los medios de comunicación, reconociendo esos errores. Yo creo, por deducción de opiniones respetables, que se apresuraron a cerrar los dos primeros túneles, presionados por ciertas circunstancias de retrasos en la obra y queriendo no perder beneficios económicos, sin querer perjudicar por ello, aunque ese fue el resultado, a las comunidades de río, con grave perjuicio de ellos.

Muchos son los costos que se pagan por el progreso, costos humanos, ecológicos, económicos en bien del progreso para conseguir beneficios para la población, para la humanidad en general en todo el mundo. Pensemos en la construcción por ejemplo del Canal de Panamá, del Canal del Suez, de la represa de Assuán en Egipto, de la Gran Muralla China, que no fue construida propiamente para el progreso del mundo, el Golden Gate en San Francisco, pensemos la conquista del espacio, y en tantas obras faraónicas, para bien de la humanidad unas y para orgullo de los gobernantes y de los guerreros, otras. ¿Cuántas vidas humanas de perdieron en esas obras y cuántos fueron sus costos en dinero, en pos del avance y del progreso?

Estoy seguro de que en la construcción y planeación de la represa en Hidroituango se socializó la obra, se expusieron sus problemas, y por ello se llevó a cabo el emprendimiento. ¿Que hubo críticas, problemas, dificultades? Claro que sí, pero la obra se hizo para el beneficio de toda Colombia. Es necesario construir estas obras para producir la energía necesaria para la industria, para la vida, para el progreso del país. Si no se hubiera acometido esta y tantas otras hidroeléctricas en Colombia, hoy estaríamos penando por energía.

Hoy, después de acometer las contingencias presentadas por el cierre de los túneles y sus consecuencias, el río Cauca está en un nivel muy preocupante para la vida de los peces, para la alimentación de sus ribereños, pero no es, como dicen algunas personas, que el río “se murió”. No, el río no se ha muerto, ni está agonizando. El río está en problemas, y ha sido por tres días, y hoy, a las ocho de la noche, de acuerdo con los cálculos, volverá a correr el agua por el río, hasta llegar a los niveles normales de la época de verano, en tres o cuatro días.  

Y claro que EPM debe resarcir a las personas perjudicadas con las acciones resultantes de sus decisiones, y que EPM es responsable en primer término por las consecuencias, pero no podemos crucificar a esta empresa ejemplar en Colombia. EPM lleva 70 años llevando agua, energía, gas, telefonía, internet, a todos los antioqueños, a gran parte de los colombianos y a muchos latinoamericanos, con gran eficiencia, con inmensa responsabilidad, y con resultados económicos excelentes, entregando esos dineros para el progreso de Antioquia y de Colombia.

También estoy muy seguro de que muchos críticos en esta situación particular no conocen la trayectoria de esta empresa, y se montan al bus de los detractores porque así somos, esa es nuestra cultura, esa es nuestra idiosincrasia. Criticamos porque sí, porque es más rentable. Es bueno hacerlo con conocimiento de causa, con bases y fundamento en la realidad, y sobre todo, siendo honestos en nuestras apreciaciones. Yo reconozco que hay problemas en el río, y que mucha gente en sus riberas se perjudica con ello, pero el río no se ha secado, ni se ha muerto, ni se ha acabado la economía que de allí se deriva.

Entre los beneficios que produce una obra como Hidroituango, está la de regular y mitigar las inundaciones que periódicamente se producen en las poblaciones como las de La Mojana, que tantas veces ha sucedido, y de lo cual se beneficiarán millares de campesinos a lo largo del río aguas abajo de la presa. Es parte de la solución a un problema que lleva muchos años de estar sucediendo.

Esto es igual a lo que siempre he sostenido frente a las responsabilidades de los ejecutores, ejecutivos gobernantes, directivos y de todos los que hemos tenido responsabilidad frente a las sociedades, en grande o en pequeña escala. El único que no se equivoca es el que nunca hace nada. El ejecutor está expuesto a tomar decisiones difíciles, y a veces se equivoca y yerra, pero el cumplimiento de los deberes está lleno de dificultades, y es allí donde aparecen los grandes hombres, los grandes gobernantes y los grandes dirigentes, al frente de empresas exitosas. Si no se quiere equivocar en sus decisiones, no haga nada, este es el mejor seguro. Pero esa no es la vida. La vida es riesgo, es empuje, es construcción, es tomar decisiones.

 

Un saludo de amigo,


ALBERTO BERNAL TRUJILLO



martes, 18 de diciembre de 2018

DE FE Y RELIGIÓN








DE  FE  Y  RELIGIÓN

Bogotá, diciembre 18 de 2018

Hola, amigos: 
      
 “Fe es creer en lo que no vemos, porque Dios lo ha revelado”. Esta es una de las frases más usadas a partir de la existencia del catecismo del padre Astete, aquel que estudiamos en nuestra niñez, y que yo me aprendí de memoria, para estar en un concurso público del colegio, y librito sobre la que se puede afirmar, como dice el pensador Richard Dawkins: “La religión es un placebo que prolonga la vida al reducir el estrés”. Es claro, cuando no tengo explicación para algún suceso, pues aplico la fe. El cielo existe, el infierno existe, igual que existen el castigo y el premio eternos. Y como nadie lo puede probar, pues se entra al terreno de la fe, y ambas cosas existen, porque Dios lo ha revelado. Y así la vida es fácil, no hay estrés. Nadie que haya dejado este mundo ha vuelto para contarnos cómo es que son estos sitios de gloria y de desdicha sin fin. Y todo se nos va en especulaciones, que resolvemos con la fe y en compañía del inefable jesuita Astete.

Ya lo había planteado en un blog hace ya mucho rato, pero es que esporádicamente llegan por ahí a mi pensamiento unas tentaciones similares, que me ponen a cavilar sobre este asunto. La comediante estadounidense Kathy Ladman, cita el mismo Richard Dawkins, observa que: “Todas las religiones son la misma: la religión es básicamente un sentimiento de culpa con diferentes días de fiesta”. Y por eso la religión está basada en la fe, no en el conocimiento. Mientras uno más investiga, probablemente más lejos de la religión se encuentra, y más cerca de la duda.

Hoy me voy a colgar en varias citas de algunos pensadores, pues me ayudan a entender lo que quiero decir, y por otro lado, en algunos casos, a mí no se habían ocurrido, por tanto me apoyo en ellos. Ambrose Bierce definía la palabra “orar”: “pedir que las leyes del universo sean anuladas a favor de un solo solicitante, que confesadamente, no lo merece.”

De las dudas sin resolver y de las verdades a medias al ateísmo hay muy pocos pasos. Sigue Dawkins: “¿Por qué es Dios considerado como una explicación para cualquier cosa? No lo es, es un fracaso en explicar; un encogimiento de hombros, un “yo no sé” vestido de espiritualidad y ritual. Si alguien le acredita algo a Dios, lo que generalmente significa es que ellos no tienen ni idea sobre el asunto, así que se lo atribuyen a la inalcanzable, in-conocible, hada del cielo. Pida una explicación sobre de dónde provino ese tipo, y los chances son que usted obtenga una vaga, seudo-filosófica respuesta de que siempre existió o que está fuera de la naturaleza. Lo que por supuesto, no explica nada”.

El matemático francés Blaise Pascal, reconoció que a pesar de lo grande que puedan ser las posibilidades de la existencia de Dios, existe una asimetría aún mayor en el castigo por equivocarse. Dice: “Es mejor que usted crea en Dios, porque si usted tiene razón tiene posibilidades de ganarse la felicidad eterna; mientras que, si usted no cree en Dios, y se equivoca, usted se gana la condena eterna; mientras que si tiene razón no existirá ninguna diferencia. Frente a eso, la decisión no es ningún rompecabezas: Crea en Dios”.

El mismo Dawkins establece una especie de categorías de ateísmo y religiosidad:

1. Fuertemente teísta. Cien por ciento de probabilidades de Dios. En las palabras de C. G. Jung: “Yo no creo, Yo sé”.
2. Muy Alta probabilidad, pero menor al cien por ciento. Teísta de facto: “No lo puedo saber con certidumbre, pero creo fuertemente en Dios y vivo mi vida con la asunción de que él está allí”.
3. Mayor al cincuenta por ciento; pero no muy alta. Técnicamente agnóstico, pero se inclina hacia el teísmo: “Tengo mucha incertidumbre, pero estoy inclinado a creer en Dios”.
4. Exactamente cincuenta por ciento. Agnóstico completamente imparcial. “La existencia y la no-existencia de Dios son exactamente iguales de probables”.
5. Menos del cincuenta por ciento, pero no muy bajo. Técnicamente agnóstico, pero se inclina al ateísmo: “Yo no sé si Dios exista, pero me inclino a ser escéptico”.
6. Muy bajas probabilidades, pero sin llegar a cero. Ateo de facto: “No puedo saberlo con certidumbre, pero pienso que Dios es muy improbable, y vivo mi vida con la asunción de que él no está allí”.
7. Fuertemente ateo. “Yo sé que Dios no existe”.

En alguna de estas categorías estamos catalogados, o hemos pasado por ellas. Y como me parece que sucede con gran frecuencia, mientras más teísta sea, mientras más amigo de Dios sea, mientras más fe tenga, más lejos de su amor está, y más juez de los humanos se torna, con la creencia de que ese poder viene de Dios mismo, y sólo él es el cumplidor del deber, lejos de la turba incrédula y apartado de los que no cumplen la ley, como el fariseo en la historia bíblica.

Son reflexiones que afloran en mi mente, y que comparto con mis amigos.

 

Un saludo de amigo,


ALBERTO BERNAL TRUJILLO

martes, 25 de septiembre de 2018

CHILE, ECUADOR, BOLIVIA.


NO ENTIENDO NADA

Bogotá, septiembre 25 de 2018

Hola, amigos:       

Hay situaciones que me rondan la cabeza, y mientras más las analizo, menos las entiendo. Una de ellas es el manejo del problema de la coca y del cultivo de la mata en nuestro país. Desde hace cuarenta años he sostenido que lo mejor que le puede pasar al mundo es que el consumo y la comercialización de la cocaína, de la marihuana y de las demás sustancias alucinógenas sea legalizado, y que cada individuo tenga la libertad de morirse por su consumo, o que no lo haga, depende de sus gustos. Es un problema de salud, no de policía.

Pero como no se ha logrado, y creo que se demorará otros años en llegar a ese acuerdo, pues miremos qué pasa ahora en su entorno. Cuando producíamos miles de toneladas de marihuana, éramos unos parias, unos narcotraficantes. Ahora que la producen los EE.UU. ellos son unos salvadores del mundo. Se volvió un producto medicinal. Ellos, y otros países más, se quitaron el problema de encima, como Uruguay, y no ha producido más muertos que antes de su “legalización”.

Si fumamos marihuana y usamos cocaína, somos unos drogadictos. Si los estadounidenses la fuman o la usan, son unas víctimas de Colombia. Si entra contrabando de Panamá, el problema es de Colombia. Si sacamos arroz de contrabando para Ecuador, el problema es de Colombia. Si entra la aftosa o combustibles de Venezuela, el problema es de Colombia. Si sale comida de contrabando para Venezuela, el problema es de Colombia. Yo no he visto que a los contrabandistas chinos que venden telas a Colombia, los persigamos por todo el mundo por su condición de contrabandistas. No, porque el problema es de Colombia. Igual cosa pasa con las drogas en nuestra relación con los Estados Unidos y Europa, especialmente. Como somos el patio trasero de los gringos, pues nos arrodillamos cuando nos culpan por producir drogas, no sea que nos quiten unos miserables dólares de “ayuda” para el Plan Colombia.

El problema, en forma sencilla, se debe reducir a que cada actor de este conflicto mundial acepte su parte de responsabilidad y asuma su rol. Los gringos y los europeos deben cuidar sus fronteras para que no entre el producto de las drogas colombianas a sus países; por supuesto, Colombia también debe hacer su parte para que no se produzca aquí y no salga hacia el exterior, mejor dicho, luchar por su erradicación; esa es su tarea, mientras no se legalice el negocio. A los europeos, muy especialmente a los alemanes, les corresponde cuidar su comercio para que sus laboratorios no les vendan a los narcotraficantes colombianos los insumos químicos para la producción y tomar acciones de policía. A Israel, a Rusia, a Estados Unidos, y a otras naciones, les asiste el deber de impedir la venta legal e ilegal de armas a los narcos y a las guerrillas y demás malandros colombianos. Yo no conozco ninguna exigencia como correspondencia en el problema a esos actores por parte de Colombia. Lo que he visto siempre, es que mendigamos dineros para la paz, para la guerra, para la lucha, pero no exigimos que ellos se comporten como parte principal del problema. No, siempre el problema somos los colombianos por guerrilleros y narcos, y nosotros arrodillados siempre. ¿Dónde está nuestra dignidad?

En estos precisos días está nuestro presidente en la asamblea de la ONU, arrodillándose ante los Estados Unidos, vendiendo su honor por una sonrisa y por unos miserables dólares, para que no nos descertifiquen, para que sigamos de amigos, y para que no nos dejen si su ayuda monetaria para quitarles a ellos la coca que se consumen con avidez en su país. Pero él está feliz porque lo pusieron en primera fila y porque el señor Trump, tan digno, le esbozó una bella sonrisa y le dio la mano con ternura.

Pongámonos dignos por una vez en la vida, y exijamos al mundo que resolvamos el problema entre todos, y dejen de sindicarnos de ser los malos de la película. No, los malos somos todos, nosotros por producir cocaína, ellos, todos, los americanos del norte, centro y sur, los europeos, los asiáticos, los africanos, los australianos, todos, por consumirla; los europeos por contrabandear hacia Colombia sus productos químicos. Los gringos por producir en sus laboratorios las pastillas de todos los colores para que nuestros niños y jóvenes se droguen. Los asiáticos, por producir el opio y otros alucinógenos para el mundo. Y los mexicanos con su amapola y su heroína. ¿Ellos impiden su producción y atacan su exportación de esas drogas? Yo no he oído que lo hagan. ¿O será que sus pastillas son sanas y nuestra cocaína es peligrosa?

Por eso no entiendo nada en este problema. Y mientras nosotros, como país, nos sigamos arrodillando, ellos nos seguirán humillando. Es el eterno problema del poderoso frente al mendigo, siempre será su esclavo, porque aquel es dueño del dinero, y este, el dueño su propia miseria.

Un saludo de amigo,


ALBERTO BERNAL TRUJILLO

viernes, 12 de enero de 2018

VOTO EN BLANCO

VOTO EN BLANCO

Bogotá, enero 12 de 2018

A una sugerencia de mis hermanos para opinar sobre este asunto de un supuesto escrito de Juan Gossain invitando a votar en blanco en las próximas elecciones para congreso, se me ocurrió escribir este blog como respuesta, sabiendo que es un tema que me apasiona y me fascina, y que por ahí andaba a la espera del momento para hacerlo. Así que valga la oportunidad.

Y digo que supuesto escrito, pues he visto réplicas negando su autoría, entre ellos La Silla Vacía, http://lasillavacia.com/historia/detector-de-mentiras-whatsapp-sobre-juan-gossain-y-el-voto-en-blanco-61440, pero que para el caso me parece irrelevante de quién sea la idea de plantear esta solución al problema que es real en estos momentos para el país. Que votemos para congreso y para presidente en blanco, como protesta contra los corruptos y contra las malas prácticas de todos los políticos, o de muchos políticos, y así lograremos elegir un congreso de gente buena, sana, correcta. 

Para empezar, dice La Silla Vacía: “es cierto que, según la Constitución, si el voto en blanco supera la mitad de los votos válidos, las elecciones a presidente se repiten sin los candidatos de la primera vez. Sin embargo en las del Congreso solo quedan por fuera de juego las listas de los partidos que no hayan alcanzado el umbral. Las otras sí podrían volverse a presentar”. Según esto, el voto en blanco, fuera de una protesta masiva, no tiene mayor utilidad práctica, así fuera que ningún candidato al congreso de las primeras listas se pudiera volver a presentar.

El gran problema de que haya candidatos corruptos o ineptos o incapaces, no es sólo un problema de las personas. Es un problema del sistema, un problema de cultura, un problema de honestidad en general. Si el candidato Noño Elías está en la cárcel y no se presenta a las elecciones, pues allí están el hermano del Noño, el papá y la mamá del Ñoño, la hermana del Noño, los amigos del Ñoño. El único problema no es el Ñoño, es la empresa que se montó a su amparo, y que no se acabará por no estar él personalmente. Así que, si el voto en blanco impidiera que esos personajes ganaran las curules, pues su empresa criminal sigue actuando y el carrusel de los ladrones y de los corruptos sigue en pie. Además, en ese caso, también se impediría que personajes honorables llegaran a esos puestos públicos, por culpa de los congresistas siniestros a los que queremos impedir su elección.

La única manera de acabar con esas empresas que se roban el dinero público es votando por los buenos, por los trabajadores, por los que hacen labores por el bien de los demás, que los hay. ¡Qué tal que no! Es necesario divulgar nuestros candidatos y trabajar a nuestra manera porque salgan elegidos. Entre los actuales o anteriores, veo varios, que algunos me gustan y otros no, como Claudia López, Jorge Robledo, Antanas Mockus, Antonio Navarro. En realidad, el voto es la única arma efectiva que tenemos los ciudadanos para protestar y para mejorar.

Me parece más efectivo ayudar a personas como la actual senadora Claudia López para quitarles prebendas a los congresistas, como los escoltas. ¿Quién querría atentar contra el senador Guerra? Más bien, que lo despierten y se vaya para la casa a dormir. Que les quiten las ventajas en los impuestos, en los aportes la salud, en los tiquetes aéreos, en los carros con chofer, en el gasto de gasolina. Y que los asesores personales, como 10 por congresista los paguen sus partidos políticos, y no el erario. Esos señores tienen muchos privilegios que no se merecen, que no los necesitan y que no se los han ganado.

De modo que al voto en blanco le veo muy poca utilidad hoy. Si es para decirles que no trabajan, que son pícaros, ya lo saben, y ellos mismos se refieren a estos comentarios en cierta frecuencia en sus entrevistas. Más bien, seamos efectivos con un voto limpio por los mejores, y hagamos seguimiento a sus conductas. Y seamos consecuentes en nuestro voto: si queremos un candidato para la presidencia, pues votemos por sus listas para darle apoyo en el momento de votar las leyes.


Un saludo de amigo,


ALBERTO BERNAL TRUJILLO

lunes, 23 de octubre de 2017

¿LA CULPA ES DEL ESTADO?

¿LA CULPA ES DEL ESTADO?

Bogotá, octubre 23 de 2017
Hola, amigos:                           

Respetar los derechos está vinculado con el límite que tenemos en nuestro actuar como individuos. Esto supone que nuestras acciones serán legítimas en la medida que no violenten los derechos de los demás. Si reconocer un derecho supone violentar otro, lo más probable es que estemos hablando de un “derecho” que nunca lo fue.

¿Quién dijo que el estado es mi protector y mi salvador, y el proveedor de la solución de todas mis necesidades? Y quiero comentar sobre las necesidades y las realidades de algunas poblaciones colombianas que pasan trabajos hoy entre sus habitantes.

¿Cuándo el estado le ayudó a Antioquia, como pueblo, a salir de su pobreza ancestral? Yo no conozco esa historia en los siglos pasado y antepasado. Y es que los antioqueños fueron siempre un pueblo de arrieros, de mineros, de comerciantes, de campesinos sin estudios, que por su empuje fueron saliendo de ese estado y se volvieron comerciantes prósperos, ingenieros capaces, industriales ejemplares, honestos, de palabra, con ética profesional, con amor por sus coterráneos, y eso hace parte de su historia.

Otra cosa ha pasado cuando los antioqueños, como pueblo, se volvieron amantes del dinero fácil, de las mujeres fáciles, de la vida fácil. Ese fue un gran error de esa raza, de mi raza, que hoy lloramos, lamentamos, y tratamos de salir a flote, con ayudas externas, porque solos no hemos sido capaces de levantar cabeza. Hoy, Medellín y Antioquia son mucho mejores que en los años 80´s y 90´s del siglo XX, pero aún tenemos lacras en medio de nuestros descendientes. Aún hay sicarios en las comunas, extorsión en toda la ciudad, minería ilegal, consumo de droga, prostitución, narcotráfico, y varios otros males colectivos.

Y me repito la pregunta inicial: ¿Quién dijo que el estado es mi protector y mi salvador, y el proveedor de la solución de todas mis necesidades? El estado está constituido como regulador de la sociedad, como recaudador de impuestos para ser más justos en la obtención de beneficios colectivos, pero no propiamente como proveedor de todas mis necesidades.

Ahora bien, comparando los resultados en educación, progreso, riqueza colectiva, entre los departamentos de Antioquia, Guajira, Chocó, Sucre, sólo por mencionar algunos de nuestro país, vemos las diferencias tan grandes entre el primero y los demás que mencioné, aunque hay casos de pequeños pueblos, regiones, municipios antioqueños, que se parecen más al Chocó que a los municipios prósperos de Antioquia, incluyendo algunos barrios de su capital, Medellín.

Pero se ha vuelto costumbre en Colombia que a cada pregunta por algún problema regional, se responde con una culpa contra el gobierno central.
·    ¿Y qué pasa con los niños de la Guajira que se mueren de hambre? Que el gobierno nacional no aporta los suficientes recursos, es la respuesta. No responden, como es gran parte de la verdad, que sus gobernantes se han robado el dinero público.
  • ·    ¿Y qué pasa en Tumaco, que hay tanto sembrado de coca? Pues que el gobierno nacional tiene abandonada la región y no ayuda lo suficiente para cambiar los cultivos ilícitos por los lícitos. No responden, como es gran parte de la verdad, que hoy muchas personas se venden por un plato de lentejas, y no educan a sus hijos en los valores éticos, sino que dan mal ejemplo con su proceder equivocado, y el resultado es un círculo vicioso difícil de romper. El último domingo vi un programa de Los Informantes en Caracol, en el que un pueblo indígena que llegó a sembrar 2.000 hectáreas de amapola, dejó sus sembrados y los cambió por café y otros productos, recibiendo mucho menor dinero, pero con la satisfacción, según decía su líder comunitario, que están con sus conciencias tranquilas y sus niños recibiendo buen ejemplo. Y todo, por su propia iniciativa, sin esperar mucho del gobierno central.


Ser pobre, ser campesino, lo entendemos con mucha frecuencia como disculpa para actuar mal, vender nuestra alma al dinero, ser deshonesto. ¿Ah, es que cómo no quieren que los pueblos pobres se vuelvan cultivadores de coca, si no tienen sus necesidades básicas satisfechas? Este es un interrogante que se oye hoy en toda Colombia. ¿Y acaso nuestros padres y abuelos, honestos, decentes, hacían trampas para volverse ricos, o para comer simplemente? No, ellos preferían la pobreza a la deshonestidad. Una frase común de esos tiempos era: “Mijo, usted puede ser pobre, pero honrado”.

Yo, por mi parte, no admito la disculpa de la pobreza para justificar las trampas, el robo, el chanchullo, la falta de empuje en el trabajo. Y me entusiasma el ejemplo que puse del pueblo antioqueño, pobre pero laborioso, honesto, de nuestros antepasados, que hicieron un pueblo digno, aunque hoy día no lo seamos tanto.

 

 

Un saludo de amigo,


ALBERTO BERNAL TRUJILLO