martes, 25 de septiembre de 2018

CHILE, ECUADOR, BOLIVIA.


NO ENTIENDO NADA

Bogotá, septiembre 25 de 2018

Hola, amigos:       

Hay situaciones que me rondan la cabeza, y mientras más las analizo, menos las entiendo. Una de ellas es el manejo del problema de la coca y del cultivo de la mata en nuestro país. Desde hace cuarenta años he sostenido que lo mejor que le puede pasar al mundo es que el consumo y la comercialización de la cocaína, de la marihuana y de las demás sustancias alucinógenas sea legalizado, y que cada individuo tenga la libertad de morirse por su consumo, o que no lo haga, depende de sus gustos. Es un problema de salud, no de policía.

Pero como no se ha logrado, y creo que se demorará otros años en llegar a ese acuerdo, pues miremos qué pasa ahora en su entorno. Cuando producíamos miles de toneladas de marihuana, éramos unos parias, unos narcotraficantes. Ahora que la producen los EE.UU. ellos son unos salvadores del mundo. Se volvió un producto medicinal. Ellos, y otros países más, se quitaron el problema de encima, como Uruguay, y no ha producido más muertos que antes de su “legalización”.

Si fumamos marihuana y usamos cocaína, somos unos drogadictos. Si los estadounidenses la fuman o la usan, son unas víctimas de Colombia. Si entra contrabando de Panamá, el problema es de Colombia. Si sacamos arroz de contrabando para Ecuador, el problema es de Colombia. Si entra la aftosa o combustibles de Venezuela, el problema es de Colombia. Si sale comida de contrabando para Venezuela, el problema es de Colombia. Yo no he visto que a los contrabandistas chinos que venden telas a Colombia, los persigamos por todo el mundo por su condición de contrabandistas. No, porque el problema es de Colombia. Igual cosa pasa con las drogas en nuestra relación con los Estados Unidos y Europa, especialmente. Como somos el patio trasero de los gringos, pues nos arrodillamos cuando nos culpan por producir drogas, no sea que nos quiten unos miserables dólares de “ayuda” para el Plan Colombia.

El problema, en forma sencilla, se debe reducir a que cada actor de este conflicto mundial acepte su parte de responsabilidad y asuma su rol. Los gringos y los europeos deben cuidar sus fronteras para que no entre el producto de las drogas colombianas a sus países; por supuesto, Colombia también debe hacer su parte para que no se produzca aquí y no salga hacia el exterior, mejor dicho, luchar por su erradicación; esa es su tarea, mientras no se legalice el negocio. A los europeos, muy especialmente a los alemanes, les corresponde cuidar su comercio para que sus laboratorios no les vendan a los narcotraficantes colombianos los insumos químicos para la producción y tomar acciones de policía. A Israel, a Rusia, a Estados Unidos, y a otras naciones, les asiste el deber de impedir la venta legal e ilegal de armas a los narcos y a las guerrillas y demás malandros colombianos. Yo no conozco ninguna exigencia como correspondencia en el problema a esos actores por parte de Colombia. Lo que he visto siempre, es que mendigamos dineros para la paz, para la guerra, para la lucha, pero no exigimos que ellos se comporten como parte principal del problema. No, siempre el problema somos los colombianos por guerrilleros y narcos, y nosotros arrodillados siempre. ¿Dónde está nuestra dignidad?

En estos precisos días está nuestro presidente en la asamblea de la ONU, arrodillándose ante los Estados Unidos, vendiendo su honor por una sonrisa y por unos miserables dólares, para que no nos descertifiquen, para que sigamos de amigos, y para que no nos dejen si su ayuda monetaria para quitarles a ellos la coca que se consumen con avidez en su país. Pero él está feliz porque lo pusieron en primera fila y porque el señor Trump, tan digno, le esbozó una bella sonrisa y le dio la mano con ternura.

Pongámonos dignos por una vez en la vida, y exijamos al mundo que resolvamos el problema entre todos, y dejen de sindicarnos de ser los malos de la película. No, los malos somos todos, nosotros por producir cocaína, ellos, todos, los americanos del norte, centro y sur, los europeos, los asiáticos, los africanos, los australianos, todos, por consumirla; los europeos por contrabandear hacia Colombia sus productos químicos. Los gringos por producir en sus laboratorios las pastillas de todos los colores para que nuestros niños y jóvenes se droguen. Los asiáticos, por producir el opio y otros alucinógenos para el mundo. Y los mexicanos con su amapola y su heroína. ¿Ellos impiden su producción y atacan su exportación de esas drogas? Yo no he oído que lo hagan. ¿O será que sus pastillas son sanas y nuestra cocaína es peligrosa?

Por eso no entiendo nada en este problema. Y mientras nosotros, como país, nos sigamos arrodillando, ellos nos seguirán humillando. Es el eterno problema del poderoso frente al mendigo, siempre será su esclavo, porque aquel es dueño del dinero, y este, el dueño su propia miseria.

Un saludo de amigo,


ALBERTO BERNAL TRUJILLO

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