martes, 23 de septiembre de 2014

COMETIENDO POESIA

COMETIENDO POESIA
Bogotá, septiembre 23 de 2014


SERENIDAD

Veo los sonidos de las sombras
oigo las luces de la noche;
todo tan calmo
mis sentidos no son ya
se apagan pero viven
sueño y vivo todo el tiempo.

Todo un racimo de años, los recibo todos
para amarlos y sentirlos en el tiempo;
dos segundos son dos siglos
dos mil años son un ya
igual es uno que mil
vivo porque soy inmortal
aunque a cada instante muera.




ETERNIDAD

Al lado del amor, al costado de mis sueños
pienso, duermo, amo, río, me gasto mis deseos;
la vida la vivo, la eternidad la espero
todo es paz, me paro en mis errores
corrijo mis andares
y para siempre muero, porque ahora vivo.




VIVIR Y MORIR

¿Morir? Prefiero vivir.
¿Vivir? Sí, vivir para luego morir.
No vale la pena vivir si no es vivir con amor,
no  vale la pena morir si no es morir por amor.
Vivo para morir, muero para vivir;
si no vivo, no muero, si no muero no vivo.

Y la vida sin amor ¿para qué? Ni es vida, ni es nada.
Si vivo sin amor, ni amo, ni vivo.
Si muero por amor, muero y vivo al mismo tiempo,
muero y vuelvo a vivir, el amor es la vida.



Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO
e-mail:negocios.alberto@gmail.com
Blog

miércoles, 13 de agosto de 2014

EL ORDEN DE LAS PREGUNTAS

EL ORDEN DE LAS PREGUNTAS
Bogotá, agosto 13 de 2014

El mundo está un poco loco, o mejor, siempre ha sido un poco loco, un muy perdido, un mucho descoordinado, un más frustrado, y una de las razones para que eso suceda es el egoísmo humano, pues pienso que si esta forma de ser cambiara un poco, este país y el mundo serían más amables, más vivibles, y más agradable sería la vida.

Hay miles de personas que defienden hoy, por ejemplo, a la gente de La Guajira por su situación de indefensión frente a la supervivencia, por la sed que sufren, por su desnutrición, por su atraso económico, por su pobreza legendaria, pero quiero que pensemos un poco en las causas de que esa realidad exista frente a nuestros ojos.

Para empezar, yo no estoy en desacuerdo en que mitiguemos la sed de los guajiros, o en que mejoremos la vida de cualquier habitante de este país que esté en condiciones difíciles, pero sí estoy en franco desacuerdo en la reacción de sus habitantes, clamando por que todos los demás colombianos les arreglemos sus problemas, sin que ellos mismos sean los que tomen las iniciativas para solucionarlos. Y este caso se multiplica por mil, si detallamos las poblaciones del Chocó, o las del Cauca, o las de Nariño, o las de Urabá, o las de Arauca y Yopal, o las de cientos de pueblos de la costa caribe, o de nuestros campesinos del interior, o de los estudiantes de ciertas universidades como la de Antioquia, o muchos inmigrantes de las grandes ciudades colombianas

El común denominador de estos casos que nombro, están basados en el egoísmo, en su propia incapacidad para generar soluciones, en pensar que sus problemas son culpa de los demás, del gobierno, de su alcalde, de los vecinos, de sus padres, en fin, que son problemas exógenos, cuando cada uno de nosotros puede generar parte de la solución, y entre todos construir sociedades, pueblos más prósperos y así poder vivir en forma más amable.

Es que es tan fácil criticar, culpar a los demás, y tan difícil ser responsable, tan difícil hacer cosas… Y si no, que lo digan los que votaron por el alcalde Petro de Bogotá.

Igual que en la construcción de sociedad, todos somos parte de la solución, y es cierto que en nuestros problemas intervienen varios agentes, entre ellos el mismo gobierno, con su corrupción, las familias disfuncionales, la desidia de muchos, la ignorancia.

Es que el mundo anda loco, porque generamos problemas y no soluciones. Ahora, cuando digo todo lo anterior, es fácil caer en la generalización, y ya sabemos que en todas partes hay gente que trabaja arduamente en las pequeñas sociedades por mejorar; y también existen personas absolutamente incapaces por sí mismos de sobrevivir solos, por sus impedimentos físicos, intelectuales, enfermedades, y otras causas; de ellos no estoy hablando. Generalizo cuando me refiero a grandes núcleos humanos que claman por ayuda, pero no entregan nada a cambio.

¿O será que los estudiantes de la Universidad de Antioquia, que en su gran mayoría son buenos ciudadanos, hacen todo lo que está a su alcance para sacar de su campus a los vendedores de drogas, o a los guerrilleros que promueven cosas distintas al estudio y extorsionan, o a las mafias que se apoderaron del espacio público de ese centro de estudios?

Cada vez que alguien solicite algo frente a sus gobernantes, a sus padres, a sus profesores, en fin, a sus superiores, lo primero que deberían preguntar éstos es: ¿Usted qué ofrece? Y luego, sí, preguntar: ¿Usted qué solicita?

Hablando del caso de La Guajira y su sed actual, lo lógico es que ellos mismos propongan soluciones antes que solicitar ayuda. Su gobernador, por ejemplo, podría iniciar su diálogo con el presidente:

Señor presidente, le propongo a usted sembrar 100.000 árboles en la alta Guajira y las cuencas de los ríos en los próximos doce meses, financiado con los dineros que recibimos de las regalías del carbón y del gas; le propongo denunciar y hacer una campaña contra los corruptos que durante años han acabado con esta tierra, y en un año llevar a la cárcel a los carteles de los contratos; le propongo mejorar la ganadería con técnicas que defiendan la tierra, y dejar las prácticas que por siglos hemos realizado y que acabaron con la agricultura y con los alimentos nuestros; propongo que lucharé con la justicia por acabar con el contrabando, que es nuestro modus vivendi, y en dos años nuestra cultura comercial será honesta, decente; le propongo acabar con las mafias que venden los alimentos que nos donan en nuestras catástrofes, y que cuidaremos de su distribución a gentes necesitadas, desde mañana mismo. Ahora, señor presidente, necesito que nos construya 50 pozos en el término de dos meses, para extraer agua del suelo y mitigar nuestra sed; necesitamos que nos ayude con acueducto para 20 poblaciones que hoy no la tienen; necesitamos refinanciación inmediata de créditos, con la seguridad de que en los plazos acordados, y con los trabajos conjuntos, honraremos nuestras deudas contraídas; necesitamos construir 30 colegios en dos años, para dar cabida a todos nuestros niños en sus aulas y mejorar nuestra calidad de vida. Hagamos juntos, en 50% y 50%, una planta de desalinización del agua del mar en un plazo de 18 meses, aprovechando la tecnología ya existente.

Si se planteara el problema en estas condiciones, es total la seguridad de que sus resultados serían fantásticos, rápidos, elocuentes y definitivos.

El egoísmo es la causa de que el mundo esté loco, de que nos destruyamos por causa de nuestras propias incapacidades, y de que estemos frustrados con tanta corrupción, con el despilfarro de tiempo, de dinero, de esfuerzos.

Mis preguntas, en consecuencia, son:

1 - ¿Qué aporta usted?
2 - ¿Qué necesita usted?

En ese orden.

Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO



miércoles, 16 de julio de 2014

CADENAS


CADENAS

Bogotá, julio 16 de 2014


En un día de estos, en cualquier día, estando en el restaurante El Solar, en las partidas para Guasca y Sopó, cerca de Bogotá, cuyo dueño, Aníbal Llano, un escultor, un bohemio, un poeta, un escritor, un cantor, un mejor amigo, tiene la costumbre de escribir en sus paredes… y en cualquier parte, me encontré allí plasmados sobre una pintura blanca estos sus versos, que me encantaron, con el título “CADENAS”:

 

¿Cuántas miles de voces

que brotaron

de otros miles de labios

extinguidos

le habrán dado

la vida a mi palabra?

 

¿Cuántas jornadas

de luchas cerebrales

sucedieron en los campos infinitos

para que floreciera

en mi cerebro

el pensamiento?

 

¿Cuántos siglos

de caminar cansado

sobre fugaces muchedumbres

fueron estrictamente

históricos

para que simplemente      

disfrutara yo este instante?

 

Desde el día en que los leí, pasan por mi pensamiento no sé cuántas preguntas sobre mi propia existencia. “¿Cuántos siglos de caminar cansado sobre fugaces muchedumbres fueron estrictamente históricos para que simplemente disfrutara yo este instante?”

 

¿Y por qué estoy en este mundo, yo, y no otro, en mi lugar? Soy yo, pero pudo ser otro, igual o distinto, pero otro. ¿Cuántos siglos de caminar cansado tuvieron que pasar para que yo simplemente disfrutara este instante? ¿Y a qué vine? ¿Y quién soy? ¿Y cuál es mi destino, mi fin, mi misión? Porque si soy, debo ser alguien, responder por mi presente, por mi futuro, ya que mi pasado está parado sobre miles de voces que brotaron de otros miles de labios extinguidos que le dieron la vida a mi palabra.

 

Y detrás de mí se suceden hechos similares, y vidas iguales que han empezado hace muchos siglos de caminar cansado, pero que florecieron por mi ser, y que repetirán a su vez hasta el infinito la sucesión de vidas, de “yoes”, de otros, con misiones distintas, y con responsabilidades de cada uno para ser compartidas con los siguientes seres de vida.

 

Es ahí donde entra mi pensamiento a pensar, mi vida a vivir, mi ser a existir. Si yo soy yo y no otro, que pudo ser, pero que no fue, mi vida no puede ser intrascendente, por lo tanto debo ser responsable y dejarle algo al mundo, muchas verdades, muchos actos, para que sean la base de otras vidas dignas de vivirse a su vez. Yo no puedo pasar por el mundo sin mi conciencia, sin ser consciente de que mis actos son parte de la vida de otros que en mundo están a mi alrededor, para bien o para mal, pero mejor que sea para bien, con pleno conocimiento y con total responsabilidad de esta verdad.

 

Yo estoy inmerso y concatenado a la vez con muchas otras vidas, con muchos otros seres, con muchos otros yo, y vivimos al unísono, y somos parte de la sinfonía de la vida, y por ser una sinfonía, tenemos la obligación de no desafinar la orquesta, de tocar la mejor música para nuestras vidas, para que al final, hayamos construido una pieza musical que sea verdaderamente inmortal y digna de ser vivida.

 

Mi vida sucedió porque en algún momento mis padres se conocieron, y en algún otro momento, por su amor me concibieron, y aquí estoy, yo y no otro. Si a la vez pienso en siglos más atrás, por la acción de alguien más, yo vivo y hoy estoy escribiendo mi vivencia. Y por mí y mis acciones, otros viven y existen mis nietos, y mis pensamientos quedarán por ahí, volando, ya escritos, ya dichos, ya pronunciados, pero ahí, vivos para siempre.

 

Y con cada renglón que transcribo, con cada pensamiento que pienso, siento más responsabilidad de ser trascendente, de hacer parte viva del mundo, de mi reto y de mi obligación de ser para otros, de ser para el mundo, en la medida en que sea capaz de hacerlo, con mis propias capacidades puestas al servicio de los demás.

 

Hoy me siento más hombre, más humano, mejor ser, más realizado pero con más peso para cargar, aunque con más felicidad de hacerlo. Un poco, como todo en la vida, gracias a mi amigo Aníbal, porque sus palabras me llegaron al alma, y porque él también hace parte de mi propia existencia.

 

Un abrazo de amigo,

 

 

ALBERTO BERNAL TRUJILLO



 

martes, 17 de junio de 2014

LOS MIEDOS

A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.LOSLOS MIEDOS
Bogotá, junio 17 de 2014

El miedo es uno de los principales motivadores de los gobernantes y de las religiones para mantener el orden en las ideas en las que ellos creen, para conseguir adeptos a sus causas, para sobrevivir y aniquilar a la oposición que no comulga con sus ideas.

Yo recuerdo aún con horror, cómo en mi niñez, al acostarme, esperaba que el techo se me viniera encima como castigo por un pecado “mortal” de los que yo cometía, como decir alguna mentira, o pelear con algún profesor, o sacar una mala nota en el colegio. Era el miedo el que me impedía ser malo, que era mi preferencia, digo malo como un niño, con la inocencia infantil, que no pude gozar mucho por ese miedo terrible al castigo impuesto por las enseñanzas religiosas, pues todo allí lo hacíamos por miedo, y no motivados por el amor.

Claro que prefería irme de vago a tirar cauchera (que afortunadamente ya no se usa), al morro del Salvador, o a La Ladera, en Medellín, que asistir a una clase espantosa de historia dictada por un profesor sin ningún conocimiento, y sólo influenciado por Henao y Arrubla, sus autores, absolutamente tendenciosos en sus conceptos.

Es que cada uno de nosotros es dueño de sus miedos y esclavo de sus convicciones y de sus creencias. Y mis miedos rigieron mi vida, por encima de mis amores, porque así me lo enseñaron, así lo aprendí.

Recuerdo que hacíamos en el colegio cada año unos “ejercicios espirituales” en los cuales se nos mostraba al diablo como el dueño de nuestra alma si no seguíamos al pie de la letra las indicaciones de un santo como Domingo Savio, que tuvo la fortuna de morirse a los quince años, seguramente muerto de miedo, como yo. Y salía yo de esos días de reflexión absolutamente lleno de terror, corriendo para que no me alcanzaran las llamas del infierno, por ser tan malo. ¡Qué malo podía ser yo en esa época! Era malo sólo en la mente de los predicadores y de los directores espirituales, que se inventaban miedos para mantenerme en sus filas.

Si yo hubiera nacido en Estados Unidos, muy probablemente sería protestante, y no hubiera nacido en un hogar católico, y mi forma de vivir podría haber sido muy opuesta a la que me tocó vivir, sin asegurar que hubiera sido ni mejor ni más mala, sino simplemente distinta. Y mi modo de actuar estaría regido, por lo menos en mi infancia y en mi juventud por convicciones distintas, impuestas por los hombres, creadores de las religiones, y con miedos también distintos. Así son las religiones, trabajando con los miedos para que el rebaño no se disperse, que es casi su única finalidad.

Si yo hubiera nacido en una tribu indígena del Congo, no me hubieran enseñado las tesis de la religión católica, sino que estuviera adorando a sus ídolos, y mis creencias serían muy distintas a las que fueron mi vida. Las costumbres serían otras, y mis miedos serían diferentes, con una alta probabilidad. Las enseñanzas que regirían mi vida me hubieran supeditado en forma nada parecida a lo que viví, por obra y gracia del lugar de nacimiento.

Podemos afirmar, como algunos filósofos, que la ley natural es la que debe ser parte integral de nuestra vida y la que determina nuestro comportamiento como seres humanos. Más allá de ella, todo parece acomodado a las circunstancias y al capricho de los legisladores y de los que crean las religiones y las imponen, muy influenciados por el aprovechamiento del miedo que tenemos los humanos y que tanto saben usar los gobernantes y los sacerdotes en todas las religiones que en el mundo existen.

Si yo hubiera nacido en Irak, muy probablemente estaría dominado por los miedos que creó el islam y que mantienen al pueblo sometido, más sometido que las propias incapacidades de los hombres que allí viven. Cuando ellos se sacudan sus propios temores, accederán a su felicidad, y serán libres.

Como seremos libres nosotros, cuando nuestros propios miedos estén sometidos sólo a pensamientos positivos, y obremos en consecuencia, sin dejarnos dominar por lo que los dirigentes nos impongan.

Yo soy dueño de mí mismo, y más allá de que respete los derechos de los demás, de que observe la ley natural como mi principio fundamental, mi comportamiento ha de ser de acuerdo a mis gustos y mis deseos, sin pensar que unos dirigentes y gobernantes traten de llenarme de miedos, de ideas locas acordes solamente con sus propios intereses, y de que unos dueños de las religiones traten de convencerme de que si no sigo sus ritos, y de que si no colaboro con dinero para sus causas, estoy obrando mal, y mi condenación eterna será el destino de mi vida.

Hoy vivo feliz, pues mi voto no está contaminado por el miedo a nada, sino por el amor a algo. Hoy vivo feliz, pues no estoy manipulado por los miedos religiosos, y mi destino no depende de que siga instrucciones religiosas, sino que trato de buscar mi felicidad de acuerdo con mis convicciones y acorde con mis propias creencias en la vida, mis propias vivencias que me llevan a defenderme de los ataques de quienes desean que llene sus filas para tener uno más a quien decirle lo que está bien y lo que está mal.

Si yo hubiera nacido mujer, islámica, negra, pobre, fea y homosexual, estaría condenada a los prejuicios que existen sobre ciertas condiciones humanas, y de seguro que por los excesos de los dueños del poder y de la religión, no tendría horizonte distinto que la perdición, el olvido y la sumisión a alguien poderoso, y sería más vulnerable a los ataques de los poderosos.

¿Quién me impone que yo debo participar en ritos de alabanza a un ser superior de tal o cual forma? Los hombres, nadie más, los dueños del poder, los dueños o los que se creen dueños de las almas para salvarlas a su manera. ¿Y por qué, practicando una religión, cualquiera, no puedo salirme de sus cauces y contradecir sus enseñanzas? Pues porque si lo hago, sería anatematizado por los dueños del poder.

Y si de pronto alguien no practica una religión, pues apague y vámonos, es una bestia o cosa parecida, es un ser inferior, es un ser que no piensa, es un merecedor de ser expulsado de la vida, o de condenarlo al ostracismo, al odio, a la discriminación. Ese sí es un miedo superior, pues el hombre crea las limitaciones al desarrollo, crea las jaulas del pensamiento, para luego maldecir a los que no se ciñen a sus ideales y a los que no se entregan al poder de los gobiernos o al poder de los creadores de salvación.

Soy feliz porque en el curso de mi vida he aprendido a liberarme de las ataduras de mis miedos, y porque espero terminar mis días con la esperanza de que mi muerte sea una felicidad y no otro miedo adicional, ya el último de todos los miedos.

Un abrazo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO

domingo, 1 de junio de 2014

REDES SOCIALES


A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.LAS REDES SOCIALES

Bogotá, junio 1 de 2014


En los últimos días he reflexionado sobre mi utilización de las redes sociales, de las cuales participo solamente en Facebook, aunque también abrí una cuenta en Twitter, pero por no estudiar un poco su funcionamiento nunca la he usado para comunicarme.


Mi experiencia en Facebook fue inicialmente de conocimiento, de usarla tímidamente para ir incorporándome poco a poco en ella, más o menos durante cuatro o cinco años. Allí encontré algo de información de los amigos y de la familia, pero nada realmente que fuera de un interés grande para mis relaciones con ellos. De pronto un cumpleaños, una felicitación, algún comentario sobre un viaje, sin que esa forma de llegarnos fuera determinante en la forma de llegar al corazón de alguien. Fue una experiencia más bien intrascendente.


La usé para dejar plasmado en Facebook mis escritos en el blog, aunque también lo hago por medio del correo a mis amigos y familiares.


Ahora, si la comparo con otra forma de comunicación de estos tiempos como es el ejemplo del mismo correo electrónico, éste lo veo bastante más personal, más íntimo con relación al uso de las redes.


Pero a lo que me quiero referir hoy en este comentario es a la forma de utilizar las redes, no así a la intención de sus creadores, que supongo fue el acercamiento entre los amigos. Por lo menos, lo comparto como mi experiencia personal, añadiendo que he recibido algunos conceptos que coinciden con mi forma de pensar.


Asimilo este sistema de redes, como el que tira la piedra y esconde la mano. Es tan fácil decir algo que nos guste, pero que de pronto no nos atreveríamos a decir frente a frente a las personas a quienes va dirigido el comentario, directa o indirectamente. Esas palabras caen en un mar de nebulosas, que van siendo recogidas por algunos que se sienten aludidos, por otros a quienes molesta un concepto particular, por alguien más que se involucra en el tema si ser aludido inicialmente.


Y lo digo por lo que viví con mi uso de esta red, en la que me sentí varias veces molesto por un comentario, especialmente de tinte político o religioso, por las intenciones perversas con que se lanzan conceptos para ver a quién les caen, o quienes los recogen, y devuelven frecuentemente la piedra y la ofensa intencional que se quiso hacer con lo dicho allí, más aún, observando la clandestinidad que allí se acostumbra, tras un nombre ficticio, o un nombre simplificado.


Es que las mentiras y las verdades a medias se lanzan, y crecen como espuma, porque no se hacen análisis serios para depurar los comentarios recibidos por este medio. Bueno, y en otros medios no se analiza, sino que se traga entero. Un ejemplo simple: ¿Cuántas veces hemos oído que Colombia tiene el mayor número de días festivos? En la China, para empezar hay 29, en Bélgica hay 20, en Colombia, 16. Así son las noticias que se oyen en la radio, en la televisión, que se leen en la prensa escrita, y generalmente no las analizan. Bueno, igual pasa con los comentarios que se lanzan en estas redes sociales, se creen, y lo peor, se responden con otra mentira, o con unas palabras aún más fuertes. No es sino observar lo que se dice y la verdad de lo que se piensa, por parte de los participantes o por parte de los personajes a quienes se hace alusión.


Igualmente, lo veo en los comentarios religiosos y en las invitaciones que se hacen diariamente para que recemos, para que oremos por determinada persona, para encomendarnos a determinado santo. Primero, se ha llenado de toda clase de devociones, y pienso que en muchos casos, las personas que conozco y que invitan, están lejos de parecerse en su vida a la práctica religiosa que promueven. Es decir, predican, pero no aplican.


Y ni qué decir de la red Twitter, que no la uso, pero que la veo diariamente en las noticias, red que se usa para lanzar improperios de todo tipo, acusaciones sin fundamento, calumnias entre los participantes. Creo que este tipo de comunicación no es malo. Pero sí considero que su uso no es el más correcto, pues se ha prestado para desahogos personales, con palabras de ofensa, que ocultan la identidad bajo un nombre cifrado en la mayoría de los casos.


Igualmente, me da vergüenza leer los comentarios sobre las noticias de todos los periódicos en presentación virtual del mundo, que a veces parece una alcantarilla intelectual, con las ofensas de todo tipo, incluyendo las que invitan a la acción en contra de alguien, y en varias ocasiones hemos visto los encuentros de violencia generados en las redes, o como consecuencia de las palabras que se usan para cualquier noticia en la prensa y en la radio. Ver la sección de “comentarios” en la prensa virtual, da pena, y me conmueve por la falta de tolerancia y la virulencia de las palabras y las intenciones con que se expresan las ideas.


No hablemos de las cosas sucias que se demostraron en la campaña actual de Colombia, cuando los hackers nos contaron que compraban cuentas, para twittear y retwittear lo que deseaban denigrar de las campañas contrarias. Y los usuarios de esas redes, pues tragan entero y twittean y retwittean todas las mentiras que se dicen allí.


A mí mismo me sucedió en los últimos meses con la campaña a la presidencia, en la cual me vi involucrado con comentarios recibidos y respondidos hacia mis amigos, y hacia algunos participantes en la red Facebook, por lo cual estoy muy molesto, pues mi intención no es desear nada malo a nadie, pero tal vez sí defender mis creencias, que en política y en religión se perciben con cierto aspecto de ofensa e intolerancia, de lo que no quiero participar.


Por los análisis anteriores, he decidido no volver a usar las redes sociales para mi comunicación, pues creo que hay métodos mejores para hacerlo, y si de formas nuevas se trata, prefiero la del correo electrónico, que considero más personal, más serio, mejor para mi forma de ser y de pensar. Puede ser que las redes sociales son buenas, y útiles, pero el uso dado con inusitada frecuencia por las personas y por mí, no me convence.


Un abrazo,

 

ALBERTO BERNAL TRUJILLO

martes, 6 de mayo de 2014

¿Y DEL PAIS, QUÉ...?

A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.¿Y DEL PAIS, QUÉ...?
Bogotá, mayo 6 de 2004

Recuerdo siempre con mucho entusiasmo unas palabras que fueron pronunciadas por el presidente de Estados Unidos John F. Kennedy el 20 de enero de 1960, día de su posesión. Decía con énfasis: "Conciudadanos del mundo: no se pregunten qué pueden hacer por ustedes los Estados Unidos de América, sino qué pueden ustedes hacer por su país, qué podemos hacer juntos por la libertad del hombre”. Palabras semejantes las pronunció en otras ocasiones durante su presidencia y ante auditorios distintos.

Trasladándonos a nuestro país, pues pensemos en la misma reflexión y hagamos una lista de las cosas que la gente espera de nosotros, como ciudadanos simples, como colombianos, como personas que aprovechamos los beneficios de su territorio. Y es que no se trata solamente de vivir a costa de lo que nos ofrece esta patria, sino de retribuirle lo recibido.

No comprendo la actitud de la mayoría de ex gobernantes en cualquier nivel, local, municipal, nacional, regional, que cuando están ya fuera del servicio, tienen las soluciones para todos los problemas, pero cuando ejercieron el poder, no hicieron todo lo necesario para cumplir con sus deseos y sus promesas. O al revés, los candidatos a cualquier puesto, prometen el oro y el moro, pero al final de su ejercicio, no cumplen sino una mínima parte de su listado.

No es sino observar la campaña actual para la presidencia de Colombia. Todos los candidatos tienen la llave de la felicidad en sus manos. Yo propondría que haya un gobierno conjunto de todos los aspirantes, y en cuatro años estaremos en la gloria, este país será una maravilla. Se las saben todas, son unos magos para resolver problemas, para la labor social, para la educación. Pero algunos ya ejercieron el poder y no nos salvaron de nada. Ahora, todo está mal, ellos son los salvadores. Y así llevamos años y años esperando la riqueza y el bienestar. Cada gobierno que llega es peor que el anterior, eso dicen los críticos de cada cuatro años, y en las mismas.

Yo soy un optimista y un soñador empedernido e irreductible, y por eso sueño con un país en el que los paperos de Boyacá no cultiven en las alturas mayores de 3.000 mts. en los páramos, para que no afecten a los demás colombianos con su deforestación y el arrasamiento de la vegetación propia, perjudicando a los que reciben las aguas de esas tierras de nacimiento, como sucedió recientemente en Casanare por este fenómeno, con total irresponsabilidad de los paperos. No dan todo lo posible para el país, pero sí reclaman todo de éste. Y el gobierno, con ausencia de autoridad…

Sueño con un país en que los campesinos de las lagunas de Tota en Boyacá y Fúquene en Cundinamarca, no desvíen el agua de los ríos afluentes, y sequen sus cauces para adueñarse (robarse) las tierras de la laguna. No dan todo por el país, pero cuando llegan las lluvias y sus tierras (que no son suyas) se inundan, esperan los auxilios del gobierno. Y el gobierno, con ausencia de autoridad…

Sueño con un país de ingenieros y arquitectos honrados que construyan con responsabilidad, con ética, con decencia, contrario a los que hicieron ese esperpento del edificio Space en Medellín, cuyos responsables andan por las calles riéndose de todos nosotros, tontos compradores. No dan todo por el país, son unos irresponsables. Y el gobierno, con ausencia de autoridad…

Sueño con un país en el que los curtidores de cueros no contaminen el agua de los ríos con sus desechos químicos, sino que den todo por su país y ejerzan la industria con honestidad, con total calidad, respetando las leyes. Cuando llega la autoridad a sellar los negocios, (hace 50 años están haciendo lo mismo), por lo menos en Bogotá y en Villapinzón, aducen sus argumentos para no cumplirlas y seguir con su pingüe negocio. Y el gobierno, con ausencia de autoridad…

Sueño con un país en el que no se roben los servicios públicos de agua, energía, teléfono, en los barrios construidos por constructores abusivos que engañan incautos y construyen en zonas de alto riesgo. No por el hecho de ser pobre, se tiene una especie de patente de corso para robar al estado. Ni los constructores dan todo, y engañan a los compradores, ni los dueños dan todo y cumplen la ley. Y el gobierno, con ausencia de autoridad…

Sueño con un país de gente honrada, en que los gobernantes sean limpios y no se roben los dineros públicos, los ciudadanos cumplamos con la ley, respetemos la palabra, y no cohonestemos la corrupción. Sueño con un país en el que los hombres y mujeres que aquí vivimos, entreguemos todas nuestras fuerzas, sin esperar que todo nos llegue del estado, o que paguemos impuestos altos, estilo Suecia, Finlandia, y ahí, sí, esperemos que el estado nos proporcione todo lo necesario. Y el gobierno, y la justicia, con ausencia de autoridad…

Entonces, ¿Qué hago yo por mi país? ¿Lo entrego todo por ver esta Colombia grande, en paz, digna de nosotros mismos? Qué bueno hacer una reflexión y trabajar todos en el mismo sentido, sin odios, sin mezquindades, entregando todo lo que debemos entregar.

Un abrazo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO

jueves, 10 de abril de 2014

EL AMOR

A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.EL AMOR
Bogotá, abril 10 de 2014
Amigos:

Ahora, pensionado, es mayor el tiempo que me queda para pensar en algunas realidades, o por lo menos para analizarlas con alguna mayor profundidad. Una de ellas es la que me entristece y me causa cierta angustia, pues veo que los resultados no concuerdan con las acciones que se ejecutan para lograr el fin propuesto.

Me produce una infinita tristeza ver personas que no entienden que el amor no se pide, que el amor se da. Veo con angustia una contradicción entre el modo de obrar y el modo de proceder en una gran cantidad de hombres y mujeres, y a veces lo veo cerca de mí. Cómo es de común para mí, ver que personas dedicadas a hacer de su vida una enseñanza continua de la práctica de la fe, en una de las tantas religiones que hoy tenemos en nuestra cercanía, o que dedican mucho de su tiempo a estar en oración, o a ir a la iglesia, en su vida personal obran en forma contraria. Predican el amor a Dios, pero no aman a su hermano, o a su madre, a su prójimo, que es donde se refleja verdaderamente ese amor a Dios. Hablan del amor pero obran en forma contraria. Siento que a veces, mientras más cercanos se sienten de su Dios, más lejanos están de su prójimo.

Pienso que la oración, o el acercarse a Dios, produce en algunos el poder de juzgar a los demás, de rechazarlos, bastante más que el poder de amar y de perdonar. Es casi como las palabras del fariseo: “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres”. Mientras más cerca se creen estar de El, más lejos del prójimo se encuentran, lo que no logro entender, no me cabe en la cabeza esta actitud.

Hemos tocado temas en este blog, como el perdón, la paz, la ternura, los sueños, y ahora me viene a la mente un sentimiento relacionado con estos, y con la vida misma, inherente a ella, parte fundamental de nuestra existencia, como es el amor.

Hace algunos días asistí al entierro de un primo hermano, Alfredo Bernal, un hombre extraordinario, un contertulio como el mejor de todos, con quien discutí en varias ocasiones sobre tantos asuntos de variada índole. Fue un hombre de fe, un hombre con una cabeza muy inquieta, un creador de vida, que amó profundamente, y lo predicaba en su familia y con sus amigos (yo, uno de ellos). Como dijo su hermano el padre Germán el día de su funeral, “sufrió de una fe profunda”. Sus enseñanzas y su amistad por 40 años me animan hoy para reafirmarme en mi pensamiento sobre el amor; su recuerdo me ayuda para pensar mis verdades.

En tantas historias de vida impresionantes, que me producen emoción, como las que leo en la página http://www.reconciliacioncolombia.com , no dejo de relacionarlas con un gran sentimiento amoroso que hay en cada una de las personas allí involucradas. Son todas expresiones de entrega, que sólo son posibles si el amor está presente en cada uno de los actores de esos eventos.

Amar al amigo es muy fácil; amar al enemigo, como lo predicó Jesús en su tiempo, o como lo predica ahora el papa Francisco, ese sí que es un verdadero acontecimiento. Y relaciono todo este recuerdo con lo que sucede a mi alrededor todos los días, y con lo que pasa con los deseos de firmar algún acuerdo que nos dé la posibilidad de vivir en paz por primera vez en doscientos años.

¿Cómo no va a ser mejor vivir historias de entrega a los demás, como las que leo cada vez que me acerco a esa página maravillosa, que pensar en seguir con la guerra por otros años más, creando más familias desdichadas, más huérfanos, viudos, viudas, lisiados, mutilados amargados? Dejemos atrás lo que ya pasó, y miremos hacia adelante con decisión, con una palabra buena en nuestros labios.

El amor no depende de que la persona a quien debemos amar sea buena o sea mala, o que esté lejos o cerca de lo que nosotros pensemos con respecto a sus propias creencias. El amor es un acto de entrega que no mide a quién se da; simplemente se entrega porque ese acto nos engrandece, nos llena de felicidad, y porque puede cambiar a una persona por ese sólo hecho de amarlo; y nos cambia a nosotros mismos, y cambia al ser amado, en la medida en que ese amor le llegue y le reconforte. No nos preparemos para que nos amen, sino preparémonos para amar y para hacernos más grandes nosotros mismos y a la sociedad en general.

En mi caso, que no soy un practicante religioso, y no me siento cerca de la felicidad eterna, me propongo ser ejemplo de vida con mi proceder, no precisamente por ser perfecto, por el contrario, ya que veo que en ocasiones es muy equivocado, sino sobre el cual alguien puede tomar lo bueno de mi vida y desechar lo malo que vea en ella. Por ello hoy escribo sobre el amor, visto como ejemplo de tantas personas que lo entregan en condiciones casi imposibles de entender, como en las que veo a través de esas crónicas que les he remitido. Y especialmente, porque no veo que este país salga adelante, se haga grande, si no es por medio del amor y del perdón. Quiero aprender de ellas y ser más consciente de que yo puedo ser parte un país hermoso, sin seguir sembrado en el odio, en la venganza, en la desesperanza. 

Yo puedo contribuir con lo que esté a mi alcance, y en este caso con este blog, con mis palabras; no tengo más formas de hacerlo sino invitando a que seamos cada vez más unidos y menos egoístas.

Para terminar, me gustó una frase que oí en estos días, no sé dónde. “El amor no se acaba con la vejez. Lo que sucede es que envejecemos cuando se nos acaba el amor”.

Un abrazo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO