viernes, 13 de marzo de 2015

DE PENAS Y CARCELES

DE PENAS Y CARCELES

Bogotá, marzo 13 de 2015


El concepto de hacinamiento en las cárceles en Colombia no preocupa a muchos en el país, incluyendo a los del INPEC, tal vez porque ellos mismos no lo sufren en las celdas, lo conocen, pero no son sus miembros los que están allí metidos. Es posible que también ese mismo hacinamiento sea el caldo de cultivo para muchos negocios ilícitos, coimas, negociados, chanchullos, de todo tipo que surgen en esos mismos centros carcelarios y que benefician a los carceleros.

 

También están en este negocio metidos los jueces, magistrados, que por múltiples razones no agilizan los procesos, y cuando la justicia no es pronta, tampoco es justa ni cumple su misión altruista. Ya vemos lo que está pasando en la Corte Constitucional, que no es un caso aislado, así algunas personas afirmen de la buena imagen de esa corporación en el exterior. Allí hay magistrados, que todos hemos oído mencionar durante varios años, que no son propiamente los más probos, ni son una muestra de lo que debe ser un alto magistrado de la nación, que debería tener las más altas calidades personales y profesionales, ser ejemplo para el país entero, y no un mercader de la justicia.

 

Es cierto que esos personajes y otros de rango menor, y abogados de todos los pelambres, se benefician del caos existente, y cobran por actuar en esa maraña y todos tan contentos. Digo todos esos mercaderes de justicia, a quienes sólo les importa su beneficio personal, y muy poco el destino de tantos que han infringido la ley, y que demoran años en la cárcel sin justicia pronta, o de otros inocentes que al cabo de un buen tiempo, ya degradados en sus personas, los declaran inocentes del delito por el que se les acusa, sin una lágrima de un juez corrupto, inepto o mediocre, o todo esto junto.

 

Pero hoy me quiero referir a las penas de cárcel que parece ser la única solución para los legisladores: “aumentemos las penas para este delito; doblemos la pena de cárcel para este otro delito”, y así ad infinitum, creyendo que sólo la cárcel es la solución para todos en este país.

 

Creo que en lugar de cárcel, existen otros métodos de resarcimiento para el ofendido, y de pena para el ofensor.

 

Y menciono algunos ejemplos sencillos pero que son eficaces, en delitos pequeños: perdón público, labores sociales, trabajos en sitios públicos, en el área de medio ambiente, presentaciones personales en juzgados, prohibición de asistir a ciertos sitios por conveniencia social, etc.

 

Pero la pena más efectiva en mi concepto, es la pena monetaria. ¿En qué beneficia a una familia a la que un muchacho borracho, irresponsable, le mata tres integrantes en un accidente de tránsito, y le den quince años de cárcel? Creo que en nada. El muchacho lo único que hará es aprender de los delincuentes que en la cárcel se encuentran, ya que los temas de conversación allí no sean muy variados ni muy positivos propiamente. ¿Por qué no mejor, por ejemplo, a esa familia a la que pertenece el que atropelló a tres personas, no le imponen por castigo una multa proporcional al dolor causado, a la familia afectada, y a su propia condición económica? Con ese dinero se podría resarcir en parte el dolor de los dolientes, y sería una muy ejemplar manera de que el agresor no volviera a cometer ese error. Diría, como caso concreto, que al joven del accidente reciente en la Calle 134 de Bogotá, cuya familia es pudiente económicamente, le obligaran a pagar $ 2.000 millones, parte para los ofendidos, y parte como multa propiamente dicha.

 

Ah, ese dinero sería manejado por un banco del país, que por lo menos son serios en el sentido del manejo del dinero. Ellos certificarían el pago de la multa y el destino de esas platas.

 

A una persona que se cuele en el Transmilenio de Bogotá, en vez de enviarlo a una pena de cárcel, pues obligarlo a cancelar $ 200.000. $ 400.000, $ 1.000.000 de pesos por su falta y nada de cárcel. ¿Para qué la cárcel?

 

A un borracho que por un error inmenso asesinó a un amigo, ¿no es mejor obligarlo a vender su casa para pagar una multa alta por su delito, que enviarlo a la cárcel? Mi pensamiento es que es más efectiva la pena en dinero que la cárcel en ese caso.

 

Pienso que lo que más nos duele a todos, es el bolsillo. Por tanto, a los actuales detenidos en las cárceles, se les puede cambiar su pena por multas en efectivo, de acuerdo, como digo, a su pena, a la calidad del ofendido y a su propia condición económica, y se descongestionarían los centros penitenciarios en un 80%, que están constituidos por personas de bien que en algún momento cometieron un error en su vida, pero que no son sujetos peligrosos para la sociedad.

 

Y de paso, el país se ahorraría una muy buena cantidad de dinero en cárceles, en carceleros, en alimentos diarios, en traslado de presos, y quedarían los ocupantes de las prisiones de hoy en mejores condiciones humanas.

 

Por supuesto, ese es lugar para ciertas personas que sí son peligrosas en su comportamiento, como violadores de niños, asesinos a sueldo, reincidentes en su delito, asesinos con ácido, y otros delitos semejantes. ¿Pero una mujer que por llevar alimento a sus hijos alguna vez llevó cocaína al exterior, es merecedora de diez años lejos de su familia? Yo no creo. Con una pena de algunos millones de pesos pagados por sus familias y por sus amigos, es muy probable que esa persona jamás reincida en su delito, y más bien, sea un ejemplo para la sociedad, pero en libertad.

 

¿En qué beneficia a la sociedad que Samuel Moreno esté en la cárcel? Yo prefiero verlo pagar 30.000, 40.000, 50.000 millones de pesos de multa, o más, si el robo es mayor, verlo vender sus propiedades, sus casas, sus carros, verlo pasando dificultades económicas, que tenerlo en la cárcel y guardando sus millones para disfrutarlos a su salida.

 

¿Y para qué se gastan miles de policías persiguiendo a los ladrones de celulares, si los compradores de esos aparatos robados están concentrados en unos sitios que la autoridad conoce? Persigan a los reducidores de productos robados, como carros, celulares, electrodomésticos, etc. y ahí sí, impónganles multas altísimas, que de verdad tengan qué ver con su negocio infame, y olvidémonos de cárceles para todo. Esa, la pena de prisión, no es la solución para todo. Lo es para muy pocas cosas, para muy pocos delitos.

 

Ahí quedan algunas ideas para pensar en nuestro destino como nación.

 

Un abrazo de amigo,


ALBERTO BERNAL TRUJILLO

martes, 24 de febrero de 2015

XENOFOBIAS

LA XENOFOBIA Y LOS DUEÑOS DEL IDIOMA

Bogotá, febrero 24 de 2015

Con alguna frecuencia leo comentarios y artículos xenofóbicos con relación a cualquier aspecto de la vida humana, especialmente a la integración de ciertos tipos de culturas, en las propias o en las cercanas, como sucede permanentemente en las relaciones de los gringos con los mexicanos en particular, y con los latinoamericanos en general. Más de la mitad de lo que era México en el siglo XIX fue devuelto a los EE.UU. como producto de las guerras entre los dos países durante varios años, todo por tratar de anexar territorios para su propio beneficio, en ambos sentidos, como son las causas de casi todas las guerras que en el mundo ha habido a lo largo de la historia.

Aunque las causas religiosas, y las ambiciones personales, así como la conquista de mujeres, las peleas de familia, y varias más también han sido motivos para que no falten las guerras en el mundo. De hecho, la historia universal se reduce en un gran porcentaje a describir y detallar lo que han sido las guerras, como sucede desde los relatos de la Biblia, de los escritos antiguos, los egipcios, los fenicios, los árabes, los chinos, y muchas otras culturas universales, o mejor, culturas propias y pequeñas en el universo, que no es lo mismo.

Y de esta pequeña reflexión llegan a mis pensamientos los falsos nacionalismos, que protegen más a los dueños que a lo conquistado. ¿Y quiénes son los dueños? Los de siempre, los poderosos o los que se creen dueños absolutos de las tierras y de las cosas de este mundo.

¿O los indígenas norteamericanos quisieron compartir con los europeos, con los ingleses, con los españoles, sus tierras y sus conquistas? No, nunca fueron bien recibidos, a pesar de que había tierras para todos, y riquezas, y posibilidades de vida. ¿O los indígenas centro y suramericanos, aún hoy día, quieren compartir sus tierras con el resto de habitantes? No, nadie quiere compartir lo que tiene, ninguna cultura lo hace, a menos que sea por la invasión, por la fuerza, por la guerra, por la rendición. Y esto es la historia del mundo en todas las latitudes; los anteriores son sólo unos ejemplos

Y hoy, ¿los gringos quieren compartir sus conquistas, sus riquezas, con los latinoamericanos que buscan allá un futuro para sí y para sus familias? No, no lo quieren hacer, al menos como generosidad. Lo hacen por presión, no por altruísmo.

Y yo me pregunto: ¿Habrá alguna sociedad pura, que esté libre de influencias extranjeras, para que haya tanta xenofobia? Yo no lo creo así, y sólo observemos las influencias en el idioma.

¡Oh!, ¿Cómo permitimos palabras extranjeras en nuestro español hermoso? Grito que con mucha frecuencia oímos en nuestros círculos cercanos, en periódicos, en algunos centros de estudios. Pero no es sino ver de dónde viene nuestro idioma, para entender que nada es puro, nada está perfectamente aislado de las culturas externas.

Empecemos por algún lado, y veamos uno de los orígenes del idioma español: para empezar, el latín y la derivación en nuestras palabras actuales, aunque no en un porcentaje tan alto como se pensaría. Lo que quiero pensar es que la xenofobia no tiene razón de ser, a menos que los visitantes extranjeros o las culturas extranjeras sean tan poco aceptables visto desde sus influencias en nosotros mismos, por su inamistad o por sus propósitos de conquista violenta.

Pero no es sólo el latín. Veamos algunos ejemplos de las palabras que hoy son nuestras, pero que no siempre lo fueron:

Palabras derivadas o llegadas del árabe: alacena, alacrán, muchas que empiezan por al (Al-berto), álgebra, jirafa, zanahoria, naranja.

Miles de palabras vienen del latín, somos idioma latino, el español procede básicamente del latín. Palabras que proceden de ese idioma: hombre, poeta, religión, mes, celestial, fuego, invierno, agua, piedra, hierro, bosque, árbol.

Palabras del inglés: fútbol, astronauta, buldózer, bóxer, celuloide, coctel, eslogan, crispeta, magazín.

Palabras del francés: chef, bulevar, champaña, amateur, bayoneta, civismo, colesterol, gabinete, fusil, princesa.

Palabras del portugués: carambola, pagoda, mermelada, favela, regañar, almeja.

Palabras del alemán: espía, brindis, kínder, delicatesen, zepelín, chucrut.

Palabras del griego: andrógino, arqueología, sicología, osteología, paquidermo, hipódromo, cleptómano, etimología.

Palabras de los indígenas americanos: chocolate, chile, aguacate, mariachi, guaraní, cóndor, choclo, mandioca, tucán, cigarro, guaraná, maíz.

Palabras nuevas: wifi, amigovio, lonchera, bíper, (horribles, pero qué le vamos a hacer), limpiavidrios, cataclismo, aspirina, hacker, empoderar.

Y después de ver lo anterior, pienso: ¿A qué viene la xenofobia? No le encuentro ni pies ni cabeza a ese concepto. El mundo debería ser para todos, y no como una parcelación para pocos, los colombianos, aquí, los gringos allá, los negros lejos, los árabes en su tierra, los chinos con sus chinas. Las fronteras no deberían existir, pero esto es pensar con el deseo y no en la realidad del mundo. Yo espero que en las otras vidas la convivencia sea bastante mejor que lo que vemos hoy, con sus peleas, guerras y xenofobia.

Un abrazo de amigo,


ALBERTO BERNAL TRUJILLO

domingo, 11 de enero de 2015

CHARLIE HEBDO

LOS FRANCESES Y CHARLI HEBDO

Bogotá, enero 11 de 2015

Empecemos este 2015 con las noticias que son actualidad, como el brutal ataque al periódico Charlie Hebdo y a sus empleados. Es una tristeza que un grupo de musulmanes piensen de la manera en que los lleva a vengar una agresión de los caricaturistas en la forma tan cruel como sucedió. Para ellos es una manera casi natural de defender a su profeta, de estar con Alá, aunque nos suene a todos como una reacción exagerada por unas opiniones contrarias. Pero eso no exime a los creadores de las ofensas a Mahoma de ser los provocadores, los instigadores de ciertos odios en las personas que por muchos motivos, se comportan de esa manera agresiva.

¿Que son muy pocos los musulmanes radicales de Al Qaeda que piensan como ellos? Sí, pero ahí están. ¿Y para qué provocarlos? Existen mil formas de criticar, de protestar, de llamar la atención, de opinar, que se pueden usar, en vez de ridiculizar a Mahoma, o de burlarse abiertamente del personaje, dejando sentadas las molestias por las cuales cualquiera de nosotros puede decir lo que piensa. Una burla ofensiva, distinta de otra calificación de burla, pienso, parte del concepto de que el ofendido, y en este caso, de sus seguidores, son seres inferiores, y al no estar de acuerdo con su pensamiento, se puede ofender y escudarse en una libertad de prensa mal entendida.

La libertad de prensa, no consiste en decir todo lo que a alguien se le antoje. No. La libertad de prensa también exige respeto, dignidad, sentido común. Las caricaturas que se publican en apoyo a los franceses hoy, muestran unos lápices enfrentados a unos fusiles, pero  pienso que, en muchas de las caricaturas del periódico a lo largo de muchos meses y años, parecían salidos de fusiles y no de lápices, por el odio y la burla que allí se mostraban.

No es sino observar esa especie de sala de redacción entre los colaboradores de Charlie, vistas en los noticieros, para darse cuenta de la mofa, la burla con la que ellos hablaban y se refrían a Mahoma y a los musulmanes, y para conocer sus intenciones, no de decir verdades, sino tal vez de desahogarse internamente de sus frustraciones y de expresar sus deseos sin argumentos dignos. La burla la entiendo como un argumento legítimo de conocimiento, siempre que sea respetuoso de la dignidad de los burlados.

Además, es parte de la personalidad del pueblo francés, sentirse y ver a los demás por encima del hombro, como si el resto de humanos fuéramos unos enanos intelectuales. Y esto no me impide reconocer todas las cosas maravillosas que hemos recibido de ellos a lo largo de los siglos, en arte, en cultura, en derecho, en la guerra, en la defensa del hombre y de sus derechos.

Si los caricaturistas dibujaron lo que quisieron, son ellos responsables de las consecuencias de sus actos, incluyendo la reacción monstruosa que tuvieron los hermanos que asesinaron a doce personas esta semana. Nadie se puede burlar impunemente de alguien, cualesquiera que sean sus creencias y sus pensamientos, y luego llorar y pedir conmiseración con ellos mismos. Está bien apoyarlos y estar a su lado en estos momentos, pero también es cierto que la irresponsabilidad de sus actos no nos debe cegar hasta culpar solamente a los musulmanes atacantes y eximir de culpa a los burlones caricaturistas franceses.

No comparto casi en nada las formas de la cultura musulmana, ni su religión, ni su machismo, ni su opresión a las mujeres, ni su forma de vestir, ni su intransigencia a los cambios tecnológicos, en fin, no me gustaría pertenecer a esa sociedad cerrada, pero mi respeto por ellos no se debe terminar por no estar de acuerdo con ellos, aunque los radicales son la minoría. La mayoría de los musulmanes son gente de bien, enseñados a luchar contra condiciones muy adversas de su tierra, contra el deseo de otros pueblos de dominarlos, y como en todas las sociedades, hay extremistas que no entienden las formas de convivencia pacíficas, como son las Farc en Colombia, y como son tantos grupos en países disímiles a lo largo y ancho del planeta.

Y para colmo de los franceses en particular y de los europeos en general, la cultura musulmana terminará en pocos años dominando a Europa, pues ellos no quisieron ser los pobladores de su tierra con hijos nuevos, pero los musulmanes sí lo están haciendo, y las migraciones les está copando todos los espacios, y es imposible atajar la llegada de miles y miles de vecinos indeseables para ellos, en una colonización contraria a la que los europeos hicieron hace dos o tres siglos, y por siempre hacia atrás. Hoy, Europa está amenazada por las fallas de ellos mismos, por su soberbia, por creerse sus habitantes que son todopoderosos, y que pueden burlarse de los demás; las crisis de los diferentes países de la comunidad europea los llevará a un desastre impensado para ellos, por lo menos en su forma de actuar, dominados por culturas que ellos creían extranjeras, pero que han estado metidas en su territorio desde toda la vida, desde Marruecos, hasta Egipto, pasando por todo el Mediterráneo y ahora en la gran Africa central.

Los franceses especialmente, pero todos los europeos a su vez, deberían ponerse a pensar qué será de sus países a la vuelta de unos pocos años, con su xenofobia, con su desprecio por lo que no sea la grandeza del viejo mundo, aunque no es el más viejo, pues hay civilizaciones más antiguas. Allá ellos con sus miedos, sus odios, su prepotencia, su dinero, su grandeza, su raza. Hoy, como pensamos todos, el mundo es muy chiquito, y las razas se mezclarán como ha sucedido siempre, pero es cada día más difícil seleccionar cuáles serán las razas que se mezclen con las propias, pues la tierra es sólo un punto en el mundo y si queremos preservar pura una raza, nos tocará viajar a la luna, o a Marte, o la estratosfera, que todavía no hay mucha gente por allá.


Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO




jueves, 20 de noviembre de 2014

EL PODER

EL PODER, LA VIOLENCIA…
Bogotá, noviembre 20 de 2014

Hay palabras que, aunque no son sinónimos, sí están en la misma lista de necesidades del hombre, y que indican acciones determinantes para imponer por la fuerza sus deseos. Están, como ejemplo, poder, mando, dinero, reconocimiento, riqueza, política, gobierno, opresión, imposición, y que terminan al fin de su aplicación, en la violencia. De hecho, el uso de política, termina siendo una lucha por el poder, que desemboca en la violencia.

Y no hablo de la legitimidad de la autoridad, sino que deseo pensar en el abuso de la misma, en su imposición por la fuerza, en las consecuencias de su mal uso. Es tan grande el poder que da la autoridad, que en ingentes ocasiones se desborda su aplicación, y termina en la violencia parcial o generalizada, dependiendo del grado a que se refiera en cada caso.

Todos estos pensamientos se me vienen a la cabeza pensando en el viejo conflicto colombiano y en las conversaciones de paz que se llevan a cabo actualmente en La Habana. Todo se reduce, en definitiva, en quién se queda con el poder al final del tiempo, en cuántos poderes terminan en cada lado, y en qué se hace con ese poder, cómo se usa, con cuánto dinero terminan los participantes, el estado por un lado y la guerrilla por el otro, pasando en cada sector por todos los miembros individuales de ellos, como los dirigentes, los cabecillas insurgentes, los congresistas, los presidentes, los alcaldes, los gobernadores, los que se quedan con los dineros del posconflicto, los vendedores de armas, los proveedores de insumos para la guerra.

El poder termina en autoritarismo, éste en abuso, y al final en dinero, riqueza, placer, esclavitud, pobreza de los demás, sumisión, dolor, violencia.

Los guerrilleros están cansados de no lograr el poder por las armas, y piensan en el poder por acuerdos en las conversaciones, pero jamás piensan en rendición incondicional; repartamos el poder y nos ponemos de acuerdo, es, al final de las conversaciones, la conclusión de todo este asunto. El final del acuerdo será siempre el mismo: ustedes tendrán su poder, su dinero, sus prebendas, y nosotros, el gobierno, o nosotros, los gobernantes, nos quedaremos con nuestro poder, nuestro dinero y nuestras prebendas. Es así de sencillo, lo que debemos desear es que se termine lo más pronto posible para que tengamos unos años de cierta tranquilidad, mientras llegan otros a luchar por lo mismo, y a querer participar de la torta.

Y así, con el abuso del poder de las armas, los árabes imponen sus criterios personales, que los acomodan en sus creencias religiosas, y esclavizan a la mujer, y lavan el cerebro de los hombres, y se aprovechan de ese mismo poder para gozar de sus propios deseos, así estemos de acuerdo o no con ellos. En todas las sociedades pasa igual.

¿O es que la reina de Inglaterra está dispuesta a entregar sus prebendas, sus riquezas, su poder, para que el pueblo sea más feliz? No, su poder es más importante para ella que su generosidad. ¿Y ese reinado, para qué, en este siglo XXI?

¿O el expresidente Clinton dejaría de hacer porquerías en la casa oval del capitolio de Washington para dejar su poder en manos de sus opositores? No, defendió su posición aún con todas las mentiras que pudo decirnos. El poder es una delicia, y eso se traduce en dinero y en abusos, finalmente en violencia.

¿O el presidente de Rusia, Vladimir Putin, dejará de ser uno de los hombres más ricos del mundo, que a su vez proviene de ser uno de los más poderosos, para que los ucranianos no se maten entre sí? No, el poder ante todo, su dinero antes que nada, y de ahí la violencia que se dé por estos motivos, no parecen de su incumbencia. Primero está el bienestar de los poderosos que la tranquilidad de los gobernados.

Yo también pienso en el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, tan extraordinariamente diligente como congresista, defendiendo al pueblo, demandando justicia, deseando que los dirigentes fueran decentes, luchando contra la corrupción, tratando de lograr en el congreso lo que no pudo como guerrillero, hoy convertido, por cuenta del poder, en un alcalde atornillado a su puesto con toda clase de procedimientos, como las tutelas, las revisiones de los fallos, los amigos, las disculpas; aferrado a sus contratos de basura con camiones recolectores que no sirvieron para lo que los compraron y se perdió mucho dinero del pueblo, y aferrado a la riqueza de sus familiares, con prebendas para los parientes de su esposa, deseando que los ricos sean menos ricos, siempre que él mismo sea más rico, sin dejar de vivir con todas las comodidades, no por cuenta de sus pensamientos altruístas, sino por cuenta de sus deseos de ser el más sibarita de todos. Es que el poder daña los corazones, y nos lleva a la violencia.

Nos podemos desgastar en tratar de corregir a los que ostentan el poder, pero eso no lo logran los que llegan a él, sino los que, como Gandhi, el gran hombre, nunca lo ostentó, sino que lo usó para cumplir con su misión de ser apóstol de su pueblo.

Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO




viernes, 31 de octubre de 2014

HALLOWEEN

EL HALLOWEEN

Bogotá, octubre 31 de 2014
Hoy, que se celebra la fiesta del Halloween en el mundo, he reflexionado algo sobre las recomendaciones que recibo en la prensa, en las redes sociales, en la radio, que pretenden que se abandone esta práctica porque es una fiesta satánica, o por lo menos pagana.

Por todo lo que yo he leído al respecto, me inclino a creer que es una fiesta más bien dedicada a los niños desde hace siglos en muchos países, pero lo que sí es casi cierto es se origina en el norte de Europa, y de ahí se ha trasladado a otras culturas, incluyendo la nuestra, y que lleva ya años de arraigo en nuestro país.

Analizando lo que es hoy día en estos lados, no veo nada de maligno celebrar una fiesta en que los niños gozan disfrazándose de sus personajes favoritos, y los padres sufren cuidándolos por sus males estomacales y fuerte digestión durante unas horas con el consumo extremo de dulces.

De ahí a exagerar haciéndonos creer que es una maldad y una falta contra Dios por celebrar fiestas satánicas, hay una diferencia enorme. Pero es bueno pensar que muchas de las fiestas “religiosas” son de origen sospechoso. La fiesta de navidad coincide con la celebración del solsticio de invierno, una celebración pagana, con el triunfo del sol, o la fiesta del “Sol invicto” en Roma antigua. Y ni siquiera hay seguridad sobre la fecha de nacimiento de Jesús, que se puede señalar en los meses de marzo, según algunos estudiosos, pero difícilmente en diciembre, con pastores cuidando rebaños en esa época del año. Pero nada tiene de ininteligible que se celebre en el 25 de diciembre, y se acomode por cualquier circunstancia. ¿Será pecaminoso? No, simplemente por tradición o por conveniencia, aunque coincida con fechas paganas.

La fiesta de Pascua se celebra el primer domingo después de la primera luna llena de primavera, por eso es una fiesta movible, y coincide con la celebración egipcia de entrada de Osiris en la luna, una fiesta pagana. ¿Error de cálculo? No, simplemente conveniencia de algún papa o de algún concilio, que lo definió así. Y se celebra la resurrección, que es lo importante para los cristianos, en cualquier fecha y con cualquier influencia pagana.

¿Y el pesebre? ¿Y el árbol de navidad? Pues bien, son costumbres traídas de otras latitudes. Dicen que el uso del primero fue fomentado por San Francisco de Asís, italiano, y su costumbre se trajo a América. ¿Algo malo? No, simplemente una forma  que muchos consideran religiosa, bonita, edificante. El uso del árbol de navidad también parece venido de Europa, del norte, y se puede hacer coincidir con los pensamientos festivos de navidad, y nada tiene de ofensivo a las creencias religiosas. Simplemente, son costumbres foráneas que van penetrando las culturas posteriores y se van adueñando de las celebraciones.

Si por cuidar las tradiciones fuera, y de no dejar entrar costumbres sanas como las del halloween, bueno, sanas para mí, aunque para otros son satánicas, no se hubiera dejado entrar la religión católica con los españoles venidos en 1492 y en años posteriores, que arrasaron con toda cultura religiosa de los indígenas, y asesinaron a sus habitantes, como lo hizo cruelmente Hernán Cortés en México, o Francisco Pizarro en el Perú, o Jiménez de Quesada en la sabana de Bogotá. Deberíamos en Colombia ser adoradores del sol, de la luna, y no católicos como es la mayoría. Todo sucede por influencias externas, por imposición, como hace hoy, comparativamente, el mercadeo, de una fiesta como el día de las brujas que celebran hoy los niños.

Y ni qué decir de lo que sucede hoy en el mundo con la influencia de los árabes y de los seguidores de Mahoma, que pretenden conquistarnos a la fuerza, imponernos sus costumbres, que para ellos son divinas, pero que para mí son irracionales, como la restricción de las libertades de la mujer, su sometimiento, su humillación. O como la forma de conquistar adeptos, por medio del suicidio, haciéndonos creer que son órdenes divinas, y que contienen la llave de la felicidad eterna.

Todos estos cambios en el mundo suceden por imposición, más que por convicción, aunque cada uno de nosotros es libre (¿así será?), de aceptar, de cambiar, de recibir las buenas enseñanzas y de desechar las malas costumbres que así considere, o de asustarse porque los niños se disfracen de personajes reales o ficticios, y de pensar que el diablo se nos mete por todos los rincones.

El mundo es cambiante, las influencias de otras culturas son constantes, aquí y en el resto del planeta, de modo que considero bueno que abramos nuestras vidas y no nos apeguemos tan férreamente a las costumbres, ni cerremos el paso a otros conceptos, a otras formas de vivir. Y el diablo, si es que existe, no saldrá el 31 de octubre a la calle, pues ese día siempre llueve, y a él no debe gustarle mucho el frío.

Igual pasa con los puristas del idioma, cerrados, apegados a formas de hablar, que se rasgan las vestiduras con las palabras nuevas admitidas por la RAE en estos días. Pero ese será otro tema.


Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO

martes, 23 de septiembre de 2014

COMETIENDO POESIA

COMETIENDO POESIA
Bogotá, septiembre 23 de 2014


SERENIDAD

Veo los sonidos de las sombras
oigo las luces de la noche;
todo tan calmo
mis sentidos no son ya
se apagan pero viven
sueño y vivo todo el tiempo.

Todo un racimo de años, los recibo todos
para amarlos y sentirlos en el tiempo;
dos segundos son dos siglos
dos mil años son un ya
igual es uno que mil
vivo porque soy inmortal
aunque a cada instante muera.




ETERNIDAD

Al lado del amor, al costado de mis sueños
pienso, duermo, amo, río, me gasto mis deseos;
la vida la vivo, la eternidad la espero
todo es paz, me paro en mis errores
corrijo mis andares
y para siempre muero, porque ahora vivo.




VIVIR Y MORIR

¿Morir? Prefiero vivir.
¿Vivir? Sí, vivir para luego morir.
No vale la pena vivir si no es vivir con amor,
no  vale la pena morir si no es morir por amor.
Vivo para morir, muero para vivir;
si no vivo, no muero, si no muero no vivo.

Y la vida sin amor ¿para qué? Ni es vida, ni es nada.
Si vivo sin amor, ni amo, ni vivo.
Si muero por amor, muero y vivo al mismo tiempo,
muero y vuelvo a vivir, el amor es la vida.



Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO
e-mail:negocios.alberto@gmail.com
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miércoles, 13 de agosto de 2014

EL ORDEN DE LAS PREGUNTAS

EL ORDEN DE LAS PREGUNTAS
Bogotá, agosto 13 de 2014

El mundo está un poco loco, o mejor, siempre ha sido un poco loco, un muy perdido, un mucho descoordinado, un más frustrado, y una de las razones para que eso suceda es el egoísmo humano, pues pienso que si esta forma de ser cambiara un poco, este país y el mundo serían más amables, más vivibles, y más agradable sería la vida.

Hay miles de personas que defienden hoy, por ejemplo, a la gente de La Guajira por su situación de indefensión frente a la supervivencia, por la sed que sufren, por su desnutrición, por su atraso económico, por su pobreza legendaria, pero quiero que pensemos un poco en las causas de que esa realidad exista frente a nuestros ojos.

Para empezar, yo no estoy en desacuerdo en que mitiguemos la sed de los guajiros, o en que mejoremos la vida de cualquier habitante de este país que esté en condiciones difíciles, pero sí estoy en franco desacuerdo en la reacción de sus habitantes, clamando por que todos los demás colombianos les arreglemos sus problemas, sin que ellos mismos sean los que tomen las iniciativas para solucionarlos. Y este caso se multiplica por mil, si detallamos las poblaciones del Chocó, o las del Cauca, o las de Nariño, o las de Urabá, o las de Arauca y Yopal, o las de cientos de pueblos de la costa caribe, o de nuestros campesinos del interior, o de los estudiantes de ciertas universidades como la de Antioquia, o muchos inmigrantes de las grandes ciudades colombianas

El común denominador de estos casos que nombro, están basados en el egoísmo, en su propia incapacidad para generar soluciones, en pensar que sus problemas son culpa de los demás, del gobierno, de su alcalde, de los vecinos, de sus padres, en fin, que son problemas exógenos, cuando cada uno de nosotros puede generar parte de la solución, y entre todos construir sociedades, pueblos más prósperos y así poder vivir en forma más amable.

Es que es tan fácil criticar, culpar a los demás, y tan difícil ser responsable, tan difícil hacer cosas… Y si no, que lo digan los que votaron por el alcalde Petro de Bogotá.

Igual que en la construcción de sociedad, todos somos parte de la solución, y es cierto que en nuestros problemas intervienen varios agentes, entre ellos el mismo gobierno, con su corrupción, las familias disfuncionales, la desidia de muchos, la ignorancia.

Es que el mundo anda loco, porque generamos problemas y no soluciones. Ahora, cuando digo todo lo anterior, es fácil caer en la generalización, y ya sabemos que en todas partes hay gente que trabaja arduamente en las pequeñas sociedades por mejorar; y también existen personas absolutamente incapaces por sí mismos de sobrevivir solos, por sus impedimentos físicos, intelectuales, enfermedades, y otras causas; de ellos no estoy hablando. Generalizo cuando me refiero a grandes núcleos humanos que claman por ayuda, pero no entregan nada a cambio.

¿O será que los estudiantes de la Universidad de Antioquia, que en su gran mayoría son buenos ciudadanos, hacen todo lo que está a su alcance para sacar de su campus a los vendedores de drogas, o a los guerrilleros que promueven cosas distintas al estudio y extorsionan, o a las mafias que se apoderaron del espacio público de ese centro de estudios?

Cada vez que alguien solicite algo frente a sus gobernantes, a sus padres, a sus profesores, en fin, a sus superiores, lo primero que deberían preguntar éstos es: ¿Usted qué ofrece? Y luego, sí, preguntar: ¿Usted qué solicita?

Hablando del caso de La Guajira y su sed actual, lo lógico es que ellos mismos propongan soluciones antes que solicitar ayuda. Su gobernador, por ejemplo, podría iniciar su diálogo con el presidente:

Señor presidente, le propongo a usted sembrar 100.000 árboles en la alta Guajira y las cuencas de los ríos en los próximos doce meses, financiado con los dineros que recibimos de las regalías del carbón y del gas; le propongo denunciar y hacer una campaña contra los corruptos que durante años han acabado con esta tierra, y en un año llevar a la cárcel a los carteles de los contratos; le propongo mejorar la ganadería con técnicas que defiendan la tierra, y dejar las prácticas que por siglos hemos realizado y que acabaron con la agricultura y con los alimentos nuestros; propongo que lucharé con la justicia por acabar con el contrabando, que es nuestro modus vivendi, y en dos años nuestra cultura comercial será honesta, decente; le propongo acabar con las mafias que venden los alimentos que nos donan en nuestras catástrofes, y que cuidaremos de su distribución a gentes necesitadas, desde mañana mismo. Ahora, señor presidente, necesito que nos construya 50 pozos en el término de dos meses, para extraer agua del suelo y mitigar nuestra sed; necesitamos que nos ayude con acueducto para 20 poblaciones que hoy no la tienen; necesitamos refinanciación inmediata de créditos, con la seguridad de que en los plazos acordados, y con los trabajos conjuntos, honraremos nuestras deudas contraídas; necesitamos construir 30 colegios en dos años, para dar cabida a todos nuestros niños en sus aulas y mejorar nuestra calidad de vida. Hagamos juntos, en 50% y 50%, una planta de desalinización del agua del mar en un plazo de 18 meses, aprovechando la tecnología ya existente.

Si se planteara el problema en estas condiciones, es total la seguridad de que sus resultados serían fantásticos, rápidos, elocuentes y definitivos.

El egoísmo es la causa de que el mundo esté loco, de que nos destruyamos por causa de nuestras propias incapacidades, y de que estemos frustrados con tanta corrupción, con el despilfarro de tiempo, de dinero, de esfuerzos.

Mis preguntas, en consecuencia, son:

1 - ¿Qué aporta usted?
2 - ¿Qué necesita usted?

En ese orden.

Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO