DE
PENAS Y CARCELES
Bogotá, marzo 13 de 2015
El concepto de hacinamiento en
las cárceles en Colombia no preocupa a muchos en el país, incluyendo a los del
INPEC, tal vez porque ellos mismos no lo sufren en las celdas, lo conocen, pero
no son sus miembros los que están allí metidos. Es posible que también ese
mismo hacinamiento sea el caldo de cultivo para muchos negocios ilícitos,
coimas, negociados, chanchullos, de todo tipo que surgen en esos mismos centros
carcelarios y que benefician a los carceleros.
También están en este negocio
metidos los jueces, magistrados, que por múltiples razones no agilizan los
procesos, y cuando la justicia no es pronta, tampoco es justa ni cumple su
misión altruista. Ya vemos lo que está pasando en la Corte Constitucional, que
no es un caso aislado, así algunas personas afirmen de la buena imagen de esa
corporación en el exterior. Allí hay magistrados, que todos hemos oído
mencionar durante varios años, que no son propiamente los más probos, ni son
una muestra de lo que debe ser un alto magistrado de la nación, que debería
tener las más altas calidades personales y profesionales, ser ejemplo para el
país entero, y no un mercader de la justicia.
Es cierto que esos personajes y
otros de rango menor, y abogados de todos los pelambres, se benefician del caos
existente, y cobran por actuar en esa maraña y todos tan contentos. Digo todos
esos mercaderes de justicia, a quienes sólo les importa su beneficio personal,
y muy poco el destino de tantos que han infringido la ley, y que demoran años
en la cárcel sin justicia pronta, o de otros inocentes que al cabo de un buen
tiempo, ya degradados en sus personas, los declaran inocentes del delito por el
que se les acusa, sin una lágrima de un juez corrupto, inepto o mediocre, o
todo esto junto.
Pero hoy me quiero referir a las
penas de cárcel que parece ser la única solución para los legisladores:
“aumentemos las penas para este delito; doblemos la pena de cárcel para este
otro delito”, y así ad infinitum, creyendo que sólo la cárcel es la solución
para todos en este país.
Creo que en lugar de cárcel,
existen otros métodos de resarcimiento para el ofendido, y de pena para el
ofensor.
Y menciono algunos ejemplos
sencillos pero que son eficaces, en delitos pequeños: perdón público, labores sociales,
trabajos en sitios públicos, en el área de medio ambiente, presentaciones
personales en juzgados, prohibición de asistir a ciertos sitios por
conveniencia social, etc.
Pero la pena más efectiva en mi
concepto, es la pena monetaria. ¿En qué beneficia a una familia a la que un
muchacho borracho, irresponsable, le mata tres integrantes en un accidente de
tránsito, y le den quince años de cárcel? Creo que en nada. El muchacho lo
único que hará es aprender de los delincuentes que en la cárcel se encuentran,
ya que los temas de conversación allí no sean muy variados ni muy positivos
propiamente. ¿Por qué no mejor, por ejemplo, a esa familia a la que pertenece
el que atropelló a tres personas, no le imponen por castigo una multa
proporcional al dolor causado, a la familia afectada, y a su propia condición
económica? Con ese dinero se podría resarcir en parte el dolor de los
dolientes, y sería una muy ejemplar manera de que el agresor no volviera a
cometer ese error. Diría, como caso concreto, que al joven del accidente
reciente en la Calle 134 de Bogotá, cuya familia es pudiente económicamente, le
obligaran a pagar $ 2.000 millones, parte para los ofendidos, y parte como
multa propiamente dicha.
Ah, ese dinero sería manejado por
un banco del país, que por lo menos son serios en el sentido del manejo del
dinero. Ellos certificarían el pago de la multa y el destino de esas platas.
A una persona que se cuele en el
Transmilenio de Bogotá, en vez de enviarlo a una pena de cárcel, pues obligarlo
a cancelar $ 200.000. $ 400.000, $ 1.000.000 de pesos por su falta y nada de
cárcel. ¿Para qué la cárcel?
A un borracho que por un error
inmenso asesinó a un amigo, ¿no es mejor obligarlo a vender su casa para pagar
una multa alta por su delito, que enviarlo a la cárcel? Mi pensamiento es que
es más efectiva la pena en dinero que la cárcel en ese caso.
Pienso que lo que más nos duele a
todos, es el bolsillo. Por tanto, a los actuales detenidos en las cárceles, se
les puede cambiar su pena por multas en efectivo, de acuerdo, como digo, a su
pena, a la calidad del ofendido y a su propia condición económica, y se descongestionarían
los centros penitenciarios en un 80%, que están constituidos por personas de
bien que en algún momento cometieron un error en su vida, pero que no son
sujetos peligrosos para la sociedad.
Y de paso, el país se ahorraría
una muy buena cantidad de dinero en cárceles, en carceleros, en alimentos
diarios, en traslado de presos, y quedarían los ocupantes de las prisiones de
hoy en mejores condiciones humanas.
Por supuesto, ese es lugar para
ciertas personas que sí son peligrosas en su comportamiento, como violadores de
niños, asesinos a sueldo, reincidentes en su delito, asesinos con ácido, y
otros delitos semejantes. ¿Pero una mujer que por llevar alimento a sus hijos
alguna vez llevó cocaína al exterior, es merecedora de diez años lejos de su
familia? Yo no creo. Con una pena de algunos millones de pesos pagados por sus
familias y por sus amigos, es muy probable que esa persona jamás reincida en su
delito, y más bien, sea un ejemplo para la sociedad, pero en libertad.
¿En qué beneficia a la sociedad
que Samuel Moreno esté en la cárcel? Yo prefiero verlo pagar 30.000, 40.000,
50.000 millones de pesos de multa, o más, si el robo es mayor, verlo vender sus
propiedades, sus casas, sus carros, verlo pasando dificultades económicas, que
tenerlo en la cárcel y guardando sus millones para disfrutarlos a su salida.
¿Y para qué se gastan miles de
policías persiguiendo a los ladrones de celulares, si los compradores de esos
aparatos robados están concentrados en unos sitios que la autoridad conoce?
Persigan a los reducidores de productos robados, como carros, celulares,
electrodomésticos, etc. y ahí sí, impónganles multas altísimas, que de verdad
tengan qué ver con su negocio infame, y olvidémonos de cárceles para todo. Esa,
la pena de prisión, no es la solución para todo. Lo es para muy pocas cosas,
para muy pocos delitos.
Ahí quedan algunas ideas para
pensar en nuestro destino como nación.
Un abrazo de amigo,
ALBERTO BERNAL TRUJILLO
No hay comentarios.:
Publicar un comentario