sábado, 7 de mayo de 2016

EL CAFE COLOMBIANO

EL CAFÉ COLOMBIANO
Bogotá, mayo 7 de 2016

Hola, amigos:

El precio de los commodities o materias primas en el mundo son susceptibles de variaciones permanentes por muy disímiles circunstancias, como lo vemos con el petróleo, que varió en pocos años de us$ 150 el barril, hasta llegar a us$ 20 o 25 hace pocos días.

 

Con el café pasa igual, y me pregunto: ¿Cómo hace la Federación de Cafeteros de Colombia para trazar sus políticas frente a los mercados mundiales, y para definir si el negocio es rentable o no para los cultivadores colombianos?

 

Tengo un cuadro comparativo, basado en cifras de los precios del dólar, del salario mínimo y del precio del café, históricamente, apoyándome en las siguientes páginas de internet:

 

http://www.federaciondecafeteros.org/particulares/es/quienes_somos/119_estadisticas_historicas/

http://dolar.wilkinsonpc.com.co/dolar-historico/

http://www.officeformats.com/2013/01/historico-salario-minimo-en-colombia-desde-1950/

1

2

3

4

5

6

7

AÑO

PRECIO LIBRA

de CAFÉ

en dólares

VALOR DÓLAR

en pesos

PRECIO   LIBRA

de CAFÉ

En pesos de la época

SALARIO MINIMO En pesos

SALARIO MINIMO En dólares

PORCENTAJE

de una LIBRA DE CAFÉ SOBRE el SALARIO MINIMO

 

 

 

 

COLUMNA 2 

multiplicado por

COLUMNA 3

 

COLUMNA 5

dividido

COLUMNA 3

COLUMNA 4

dividido COLUMNA 5

1951

0.60

2.50

1.50

60

24

2.50 %

1954

0.91

2.50

2.28

60

24

3.80 %

1977

3.19

36.50

116.68

1.770

48

6.59 %

1984

1.50

94.47

142.01

11.928

126

1.19 %

2016

1.24

3.000.00

3.720.00

689.454

230

0.53 %

 

Lo que veo al comparar cifras, es que hoy, el precio del café, en términos de salario mínimo, vale casi CINCO veces menos que hace 65 años (1951) – (Columna 7). Si lo comparamos con las épocas de bonanza de los años 70, vale SIETE veces menos (1977).

 

Si hiciéramos la comparación en capacidad adquisitiva del dólar, probablemente llegaríamos a conclusiones muy parecidas. ¿Qué se compraba en el año 1951 con un dólar, y qué se compra hoy con un dólar? Un salario mínimo de hoy en Colombia, son 230 dólares, comparados con los 24 dólares que era el salario mínimo de 1951.

 

Sobre esto y sobre otros aspectos, con datos en la mano, se puede demostrar casi cualquier cosa, y encontrar algunas sorpresas. Las estadísticas dan para todo. Pero yo me hago estas preguntas:

 

¿La Federación de Cafeteros no fue creada para ayudar a los caficultores del país?

 

¿Entonces, por qué ese deterioro del precio del café en los días presentes, y por consiguiente, los resultados como negocio agrícola?

 

¿Es que no es posible defender el precio en los mercados mundiales?

 

¿Por qué se siembra aún tanto café en Colombia, con un precio tan bajo en el exterior?

 

¿Valdría la pena sustituir, por ejemplo, la mitad de los cultivos de café en el país, por otros cultivos más rentables, como los frutales, el aguacate, los cítricos, y otros más? Y viendo cómo se quejan siempre los cafeteros, con o sin razón, pues sería un buen trabajo de los agricultores, apoyados por varias de las Federaciones agrícolas, incluyendo a Federacafé.

 

Creo que uno de los grandes esfuerzos que tendría qué hacer Federacafé es lograr colocar este café con un plus adicional en mano de obra, como lo hace su negocio de Juan Valdés, adonde yo creo que se deberían enfocar los esfuerzos de mercadeo. Y ayudar a empresas como Colcafé, y otras similares, que también exportan productos con una mano de obra nacional incorporada en sus productos.

 

Lo anteriormente visto en el cuadro, es que los grandes países del mundo, los más ricos, como son los europeos y los EE.UU., como principales compradores de café colombiano, son, como sucede con tantas otras cosas, los dueños de los precios, los que propenden con su fortaleza a que los países productores materias primas o commodities como el café vean reducidos sus ingresos, a cambio de las riquezas de los países fuertes y dominadores en los mercados. Es una constante a través de los tiempos, ya es cosa sabida. Pero vale la pena reflexionar sobre este problema, y ser conscientes de nuestras limitaciones, pero también de nuestros objetivos como país.


Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO

miércoles, 2 de marzo de 2016

LA HABANA Y YO

LA  HABANA  Y  YO
Bogotá, marzo 2 de 2016

Hola, amigos:

¿Recuerdan la parábola del hijo pródigo? Al hijo que fue siempre fiel al padre, nunca le hicieron una fiesta como la que le hicieron a su hermano pródigo. Y por eso reclamó, pataleó, pero a su hermano le ofrecieron el mejor cordero para la fiesta, y celebraron su regreso, por la felicidad que su padre sintió al recuperarlo de su ingratitud. Igual pasa con la guerrilla. Ellos son el hijo pródigo del siglo XXI para nosotros los colombianos, una comparación no del todo cierta, pues ese hijo es pródigo por malgastar la herencia, no por volver a su casa; pero aceptémoslo como historia similar. ¿Qué ellos son asesinos, crueles, mentirosos, secuestradores, se ríen de nosotros? Sí, pero llega el momento de pensar y repensar las cosas, y decidirnos por acogerlos como al hijo pródigo de la biblia, y celebrar entre todos su regreso a las filas de la civilidad. Eso por lo menos es lo que recibí de enseñanza durante años de parte del cristianismo. Talvez será muy difícil aplicar esas doctrinas en nuestra vida diaria, pero es una realidad, igual que tantas enseñanzas religiosas, que se estudian, pero que no se aplican, como el amor y el perdón.

Yo personalmente creo que lo que se va afirmar en La Habana está hoy a la vuelta de la esquina, y también creo que el referendo se va a aprobar y esos acuerdos van a quedar en firme, y el país va a cambiar, aunque no al día siguiente de su aprobación y de la firma. Pero a partir de ese acontecimiento el país va a ser muy diferente, para bien de todos.

Es necesario desarmar los espíritus, bajar las armas, dejar los odios y empezar a amarnos como ha debido ser desde siempre. Pero los colombianos en general somos violentos, somos negativos, así las encuestas digan que somos el país más feliz de la tierra. Seremos los más rumberos, pero no los más felices. Colombia ha sido violenta desde sus inicios, desde su conquista, desde siempre. Somos muy dados a decir NO a todo lo que implique cambio, o a todo lo que nos digan que está mal, aún sin analizarlo en profundidad; nos dejamos influenciar por los líderes, que no son tan líderes, son más bien unas imágenes fatuas creadas a partir de nuestros miedos, y aprovechando a los medios de comunicación que manipulan y tergiversan las verdades, todas las verdades.

Y considero que todos, es decir, cada uno de nosotros, debemos hacer algo para el bien común. Analizando esta circunstancia, también pienso en mis propias circunstancias, y en lo que puedo hacer por conquistar el amor entre los colombianos, por desarmar nuestras almas, por propiciar el perdón, por poner mi grano de arena, más bien para quitar mi grano de arena en el desierto de los odios en este país. Una de las cosas que empiezo a hacer, que ya empecé desde finales de enero de este año, es bajarle el tono a mis palabras, o mejor, a mis mensajes en facebook. Fui muy propicio a enviar comentarios contrarios a la forma de obrar del señor Alvaro Uribe y de sus seguidores, a veces, muy seguramente, ofendiendo a mis amigos y a otros a quienes no conozco. Pero esa misma forma de actuar se vuelve en contra de uno mismo, y va llenando nuestras almas de incomprensiones, desacuerdos y al final de odios, que dañan los corazones, y deterioran las relaciones de amistad. Desde hace ya más de un año había dejado de pelear directamente en las redes sociales con mis amigos por el mismo tema, pero seguí enviando mensajes fuertes contra Uribe y sus amigos.

Hoy estoy mucho más tranquilo con el respeto a las creencias y comentarios de los amigos  contradictores, aunque no deseo dejar de opinar sobre cualquier tema que considere de mi interés o del interés general, pero ya sin agresiones, ya que con ello estoy contribuyendo a mi propia paz personal y a la paz del país. ¿Qué mis amigos adoran a Uribe? Pues que lo adoren. ¿Qué mis amigos hablen mal de las personas que admiro? Pues que hablen mal, allá ellos con sus creencias. ¿Qué envían comentarios ofensivos contra tanta gente que admiro? Pues allá ellos con sus odios. Yo ya dejé los míos, y vivo en paz. Ya me bajé de ese bus, del bus de los odios.

A Colombia hay que reconstruirla, y para ello, lo mejor es no destruirla con nuestras ofensas. Puedo, y podemos todos, aportar la discusión sin incluir en ella la ofensa, el comentario hiriente, las palabras soeces, las mentiras, la mala intención. Creo que el país está muy polarizado por cuenta de la intolerancia, del afán del poder, de los miedos; esa intolerancia nos afecta después a todos, pues podemos ser víctimas de la rabia, del odio, y también puede afectar nuestra propia salud física y mental.

De ahí se deriva el poco respeto a la autoridad, al policía, al alcalde, al presidente, personas que representan el orden, así no nos guste el policía, el alcalde o el presidente de turno. Es necesario protestar, pero siempre con argumentos y no con el odio en el corazón. Por eso me bajo del bus del odio en mis comentarios, sin dejar de expresar mis opiniones sobre los temas que sean de mi injerencia, y de protestar por las malas actuaciones del gobierno de turno. Usaré mis argumentos, mis creencias, pero con decencia y respeto por los demás.


Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO

miércoles, 10 de febrero de 2016

LA GUAJIRA

LA GUAJIRA

Bogotá, febrero 10 de 2016
Hola, amigos:

El asistencialismo es un problema y una discusión no de ahora, sino de toda la vida, sobre sus consecuencias, sobre la obligación de asistir y el derecho a tener comida, estudio, vivienda, cobija; pero hoy lo vemos reflejado nuevamente en La Guajira, siempre en ese departamento colombiano, (bueno, incluiría al Chocó en este lista) que tiene en su paupérrimo desarrollo el reflejo de sus habitantes y de su forma de vida. Pero especialmente de sus gobernantes. Es que el asistencialismo cae a veces en el error de no ir a las causas del problema, y lejos de eliminarlo, contribuye a que se mantenga vivo, y además a su réplica y reproducción. Lo ideal es identificar el problema en una sociedad, satisfacer las necesidades urgentes, y luego proporcionarles las herramientas, para que esa sociedad, con su capacidad y su discernimiento y con la ayuda externa, tome sus propias decisiones y mejore su forma de vida.

Como ha sucedido siempre en los medios de comunicación y en el país en general, ahora el escándalo de moda son los niños muertos por desnutrición en La Guajira. “Los niños se mueren de sed”. “Los niños se mueren de hambre”. “Los niños no estudian”. “Los niños están enfermos”. Siempre ponen los niños de mampara para así ocultar sus deficiencias. Y todo eso, por la incapacidad de sus padres, por la incapacidad también de esas etnias atrasadas y enredadas en su propia telaraña de destrucción.

Muchas veces se ha visto que el asistencialismo no saca a las sociedades de la pobreza, y eso sucede con los guajiros, pues son mendicantes, contrabandistas, corruptos, ladrones de cuello blanco, azul, verde, rojo, de todos los colores. Y me dirán que no exagere, que no generalice, pero es el retrato de una sociedad sobre la cual he oído infinidad de veces esos mismos conceptos, y saco conclusiones de mis propios análisis, y me reafirmo en ello.

Por ejemplo, las madres no quieren dejar de tener hijos, pues son su seguro de vida, su seguro de asistencia, su mampara. Este es el reflejo de lo que ellas piensan sobre su futuro.

¿El objetivo de la asistencia social es dar el pescado, o enseñar a pescar? El asistencialismo debe servir para mejorar las condiciones de los pueblos, no para mantenerlos subyugados, inconscientes de su pobreza, de su incapacidad, de sus necesidades, y sin encontrar la salida a sus problemas y a sus dolores. Pues los guajiros no quieren aprender a pescar, ya que es mejor recibir migajas del gobierno, que ser autónomos. ¿Qué guajiro habrá sembrado un árbol en los últimos tiempos? ¿Cuántos gobernantes guajiros, gobernadores, alcaldes, concejales, etc., están en la cárcel o son sujetos de investigaciones penales?

http://www.fundacionescerrejon.org/media/presentaciones/Presentacion_Alfredo_Fuentes_Web.pdf En esta página de El Cerrejón, leo que La guajira recibe el 9% de las regalías del país por carbón, gas, sal y transporte. Eso es muchísimo dinero, ¿A dónde están sus inversiones? ¿Hasta cuándo hay qué asistir a los guajiros, mientras contemplamos a sus gobernantes locales llenarse los bolsillos de dinero con sus trampas, sus robos, sus componendas? Claro que hay que ayudarles, pero ¿a cambio de qué? Por ejemplo a cambio de luchar por limpiar su departamento de corruptos, y a que reforesten su territorio, y a que encuentren soluciones para su falta de agua, y a que dejen de reproducirse como conejos, y a que acepten la ayuda de entidades como Profamilia, y a que cambien su vida de comerciantes de contrabando por un comercio legal, por una agricultura acorde con el clima de la región. Se pueden hacer muchas cosas desde el gobierno, con la ayuda de ellos mismos, con su propia voluntad, para salir de ese círculo de maldad, de pobreza, de miseria, de olvido.

Claro, en dos páginas de este blog, la cuestión se resuelve fácilmente, parece sencillo y no lo es, pero sí puedo aportar mi grano de arena y dejar una posición personal que ayude a solucionar en parte estos problemas que no son de hoy, son de todas las sociedades actuales y de las de ayer.

Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO

domingo, 31 de enero de 2016

FUTBOL

COLOMBIA Y EL FUTBOL
Bogotá, enero 31 de 2016

Yo creo que Colombia se parece a su fútbol y a la gente que lo rodea. En general, los colombianos nos creemos muy vivos, muy despiertos, y nos ponemos como ejemplo ante el mundo, sin embargo, con ello tratamos de sacar ventajas legales e ilegales en algunas situaciones de nuestras vidas. El fútbol no es la excepción. Veamos ejemplos de que lo que digo es verdad, analizando varias de las acciones que suceden a diario en nuestros torneos, aunque los jugadores que juegan en Europa se vuelven mucho más respetuosos de las reglas y se comportan en mejor forma. Los que vemos futbol con frecuencia, y hoy es casi todos los días, de Europa, de América y del resto del mundo, o por lo menos yo, comparo los procedimientos del futbol nuestro con el de otras latitudes, y la conclusión es que aquí somos muy irrespetuosos de la ley y del comportamiento decente.
·      Si un jugador comete una falta, el equipo ofensor, que debería ser respetuoso con el rival, saca ventajas en ese momento, y 1), uno de sus jugadores se para al frente del balón para no dejar cobrar; 2) los jugadores que hacen la barrera borran la espuma que el árbitro marca en el piso, se paran cada momento más adelante, y cuando el cobrador toma carrera, la barrera también, hasta ganarse uno, dos, tres metros, con desventaja para el equipo ofendido.
·      Cuando un jugador es golpeado por un rival, salen de su cuerpo todas las dotes de artista de circo, y da cuatro, cinco vueltas en el piso, se revuelca de dolor, así la falta haya sido un simple toque en la pierna o en la cadera. Pero eso sí, cuando el árbitro muestra una tarjeta al ofensor, el dolor se va, el agredido se levanta más rápido que Lázaro en el sepulcro, y da por concluida su misión de impactar al árbitro con su circense actuación. (No se compara con los ciclistas, que se caen, se rompen las piernas, y terminan la carrera sangrando y con el corazón en la mano).
    Si el portero es golpeado en el área chica, se sanciona la falta, pero el portero pone la pelota en el borde del área grande para cobrarla, es decir, unos diez metros más adelante, con algo o mucho de trampa y en deterioro del orden y la decencia. Y el árbitro, en silencio total.

·        En un saque de banda, el jugador que la ejecuta, en la medida en que busca un compañero para enviarle el pase, se va adelantando, sacando ventaja, por dos, tres, cinco, diez, doce metros… y el árbitro no dice nada.
·     Cuando una falta sucede en el campo, inmediatamente aparecen otros once árbitros, los jugadores de su equipo, que nadie los ha nombrado como tales, incluyéndolo a él, y piden que el árbitro oficial saque una tarjeta y se la enseñe al ofensor, y rodean al árbitro oficial, y lo amenazan, y allí pasa otro minutico.
·        Cuando un equipo va ganando el partido, de lo que se trata es que de los noventa minutos de reglamento, se juegue la mitad y para ello el portero camina a un km/h, devuelve al recogebolas la pelota y lo reprende por ser éste tan ágil, les pide a los compañeros que se coloquen en el lugar que él cree conveniente, y en cada saque desde el arco, pasan 60, 90 segundos, que suman para su ventaja. Igual pasa cuando la pelota sale del campo: el portero, en vez de ir por ella, sale hacia adelante a reprender a sus compañeros, y ahí son 15, 20 segundos más ganados… y el árbitro no dice nada.
·     Al cobro de una falta cerca de una portería, el árbitro, que tiene toda la autoridad en el campo, se acerca a decirle a cada pareja de jugadores que no se agarren, que se traten con cariño, que no se digan palabras feas, que no se cojan de las… camisas, en vez de dejar que se juegue y si sucede alguna falta, pues con su autoridad saque unas tarjetas, cobre falta, cobre penaltis. Pero no, allí pasan uno, dos o tres minutos, que favorecen generalmente al ofensor, y no al ofendido, como es lo lógico.
·       Si faltan diez o quince minutos para terminar el partido, cada golpecito que le pegan a un jugador del equipo que va ganando, que generalmente es el portero (porque a éste no lo pueden sacar del campo), se convierte en un drama, en una demora de tiempo, porque el jugador se va a morir, se va a desangrar, se necesitan los paramédicos, los masajistas, los ayudantes, los enviados del entrenador, y allí pasan dos o tres minutos más para su causa.
·      Así somos… cuando se va a cobrar un tiro de esquina, no se pone la pelota dentro del triángulo allí demarcado, sino que se pone dos centímetros delante de la raya que lo demarca, que es ilegal, como si estos centímetros de menos en la distancia fueran definitivos para marcar un gol. Pero así somos ¿y qué?...
·        La regla dice que las camisetas deben estar por dentro de la pantaloneta, por presentación y por uniformidad, pero no, los jugadores colombianos la manejan por fuera y algunas veces con las medias caídas, que tampoco se permite. Pero… y el árbitro no dice nada.
·        Cuando se mete un gol, lo procedente, según los jugadores, es celebrarlo el mayor tiempo posible y sacar ventaja en tiempo. Cuando el equipo va perdiendo, la celebración es poca, y rápidamente al centro del campo para seguir el juego. Y el goleador, se quita la camiseta, que no está permitido, y le sacan tarjeta amarilla, perjudicando al equipo, como si el juego no fuera en conjunto, entre once y no un juego individual. Pero así somos.
·        Y la falta de autoridad… En todos los casos anteriores, la falta de autoridad del árbitro es el reflejo de la falta de autoridad en todo el país. Un alcalde, como autoridad, despeja una calle de vendedores ambulantes, pero en poco tiempo ya estará lleno de los mismos personajes que son generalmente explotados por una mafia del espacio público, a quienes tienen qué pagar una gran parte de sus ingresos para su gran negocio comercial. Y así somos.
Como vemos, el mundo del fútbol se parece mucho a la vida corriente del país, tratando de sacar pequeñas o grandes ventajas de cada situación, y no se juega limpio, no se respeta al contendor ni al país. Así somos, decimos, ¿y qué?...

Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO


martes, 10 de noviembre de 2015

SALGO DEL CLOSET

SALGO DEL CLOSET
Bogotá, noviembre 10 de 2015

Hola, amigos:

Este es un tema muy difícil, tanto para escribir sobre él, como para las personas que están en esa condición, por todos los prejuicios, los malos entendidos, las diferencias de conceptos, las enseñanzas y pensamientos religiosos. Hace varios días tenía este tema entre el tintero, y me llegó el momento de sacarlo del clóset. Y de verdad, yo quiero salir del clóset, pero no como mi reconocimiento de mi condición de homosexual, que no lo soy, sino como mis expresiones ante las realidades del mundo de hoy, tan distinto del que viví hace ya muchos años, en mi niñez.

Salgo del clóset mental en que he vivido durante tanto tiempo, gracias a las discusiones que nos ha tocado vivir en los últimos tiempos. Si me remonto a los años de mi ya lejana juventud, recuerdo nuestro trato a los homosexuales, el desprecio por ellos, las ofensas lanzadas por ser como eran, sin la menor caridad cristiana, y menos aún, ningún respeto por su ser y por sus decisiones personales. Supongo su molestia con nosotros, con toda la razón, pues es muy posible que ellos también estuvieran en el oscurantismo de esa época.

Aunque en el mundo siempre han existido homosexuales, bastantes de ellos famosos y algunos reconocidos como tal, entre ellos el filósofo Sócrates, la escritora Virginia Wolf; Miguel de Cervantes y William Shakespeare, dos de los más grandes escritores de la historia; otro escritor famoso, Oscar Wilde, el poeta Federico García Lorca, el pintor Botticelli, la artista Frida Kahlo, Christian Dior, los compositores Federico Chopin y Tchaikovsky, y podría seguir hasta completar la lista tan larga como quisiera, entre cantantes, actores, escritores, gentes de la televisión, gente del común, profesionales exitosos, etc. El concepto sobre ellos es aún discriminatorio, aunque cada día que pasa abrimos más los ojos, la mente y el corazón al reconocimiento social de la condición que tienen.

Esta semana se ha reconocido por parte de la Corte Constitucional de Colombia el derecho de las parejas homosexuales a la adopción de niños y de formar familia con ellos. Se han oído varias voces, tanto a favor como en contra de esta sentencia, pero a mí me ha dado pie para expresar mi concepto, y salir de mi closet mental.

En nuestras familias tenemos cerca personas de condición homosexual, con quienes tratamos en forma permanente, y es posible que por lo menos en silencio, las respetemos sin ofenderlas abiertamente por su conducta, o mejor, por su modo de ser. Ellos son como son, porque sí, sin entrar a discutir las razones o las explicaciones sociológicas, clínicas, médicas, sociales, religiosas de su actuación. Ellos son homosexuales porque sí, y yo soy heterosexual porque sí, y punto, sin explicación ninguna, sin preguntas adicionales, sin juzgamientos, sin razonamientos. ¿Por qué mi hermana es mujer? Porque sí. ¿Por qué mi amigo o mi pariente son homosexuales? Porque sí. Yo no discuto situaciones porque no tengo autoridad para ello, y seguramente me falta mucho conocimiento para emitir conceptos. Pero sí puedo decir que cada día soy más afecto a reconocerlos como personas que tienen actuaciones sexuales distintas a las mías, ni mejores ni peores, ni malas ni buenas, simplemente diferentes.

Dicen los seguidores de las enseñanzas de la iglesia católica, y de otras religiones, algunas de ellas más radicales, que esas personas homosexuales deben ser repudiadas, y que no se les deben conceder beneficios en su condición de seres, simplemente porque a ellos no les parece correcto. En ese mismo sentido de pensamiento, creo que deberíamos prohibir el matrimonio y las parejas de heterosexuales, pues ellos han procreado siempre a estas personas que terminan en condición de homosexuales, por lo tanto son peligrosas esas mismas parejas. Los homosexuales no pueden concebir entre ellos un hijo, luego todos los hijos del mundo han sido producto de las uniones de un hombre y una mujer. ¡Qué peligro que de ellos, de su unión, nazca un ser homosexual!

Lo más importante en esta vida, es el amor. Por el amor se mueve el mundo, por el amor se dan todos los demás sentimientos. Si dos hombres se aman, si dos mujeres se aman, si ellos se entregan mutuamente para ser felices, ¿Por qué cuestionarlos? ¿A quién perjudican con su amor? A propósito, he leído recientemente una serie conceptos de los hijos de parejas del mismo sexo, y entre ellos, la inmensa mayoría son testimonios del amor que viven en su familia, de sus dos mamás, o de sus dos papás, de sus hermanos, lo que me mueve a decir que la situación sexual de los padres no es condición en absoluto para el amor.

Que a una familia le hace falta la presencia paterna y materna a la vez, es un argumento esgrimido por los enemigos de la adopción por parejas del mismo sexo. Pero ¿cuántos niños nacen en un hogar sin padre, o abandonados por su madre, sin esa presencia de ambos sexos entre sus padres? ¿Entonces deberían quitárselos para entregárselos al Bienestar Familiar, porque no van a recibir amor? No, y esto es igual a recibir el amor de dos padres o de dos madres, sin la presencia de uno de los dos sexos entre sus padres.

Pienso también en la aceptación de la sociedad de las parejas de hombre y mujer, sin pensar que muchos, muchos de ellos, viven una doble vida, en pareja para el exterior, pero en amor homosexual en privado. Entre nuestros amigos y familiares es probable que haya algunas parejas en este estado de cosas, y eso no hace que ni ellos ni nosotros cambiemos en nuestras relaciones personales. Eso no nos afecta, simplemente porque desconocemos la realidad, pero para esas parejas la doble vida les hace ser infelices.  

Por lo anterior, pienso que he salido del clóset mental, por lo menos para mis amigos, pues en mi interior ya he venido cambiando mi casete, o mi chip al respecto. Y no me interesa que nadie sea homosexual ni heterosexual, así como no me interesa que nadie sea ingeniero o mecánico, o sacerdote. Es una condición de vida que cada quien vive a su manera, según su propio sentir, y es respetable, y así lo acepto.

Un abrazo,


ALBERTO BERNAL TRUJILLO

jueves, 20 de agosto de 2015

RECREO

RECREO
Bogotá, agosto 20 de 2015

Hola, amigos:

Voy a tener un recreo en mis escritos, para hacer memoria de mis tiempos ya lejanos de niñez. En mis ratos de desocupación (no de ocio), me acuerdo de cosas de esa época, en la que  había situaciones que ahora, bastantes años después, me causan risa, y hoy quiero compartirlas, pensando que coinciden con algunas de mis amigos. Por lo menos la del colegio sí sé que la vivimos juntos.

Todos mis ocho hermanos y yo estudiamos con los salesianos en Medellín; los hombres en el colegio del Sufragio y las mujeres en María Auxiliadora. El colegio nuestro era de estrato bajo, como es la tradición educativa de esa comunidad religiosa tan afín a nuestra educación. Por ello, tal vez, y por las condiciones de salubridad de esos años, recuerdo los baños públicos del colegio por allá en los años 50’s. Eran unos espacios separados por paredes laterales, con puerta de entrada, pero con una canal de desagüe que atravesaba todos los baños, a la vista de todos, y por los cuales pasaban unos “barcos” de todos los colores, tamaños y por supuesto, olores. En una ocasión se me cayó en esa especie de letrina intercomunicada una estampita de santo Domingo Savio, un muchacho que se santificó porque se confesaba todos los días (así sería de perverso), y para no perder los beneficios santíficos, pues me tocó ir buscando de inodoro en inodoro (bueno, no eran tan inodoros, eran más bien muy “odorosos”) hasta encontrarla unos cuatro o cinco más adelante, recogerla con todo el respeto, lavarla, por supuesto, ponerla a secar en el patio del colegio, y luego volverla a guardar para recibir sus bendiciones y santificarme yo también por cuenta de sus confesiones diarias. Ah, y me acuerdo del papel higiénico que utilizábamos: una hoja de cuaderno, casi tan suave como una hoja de zinc.  Es esa época tendría yo unos 8 o 9 años de edad. Viéndolo bien, no surtió mucho efecto la estampita del santo, pues mi santidad está aún muy lejos, mejor dicho, creo que los puntos que me he ganado son muy pocos, y no me van a alcanzar ni para el primer cielo.

Tendría yo esa misma edad, cuando mi mamá, una mujer muy devota, nos levantaba a mi hermano Jaime y a mí cada dos días para ir a misa antes de entrar al colegio; digo cada dos días, pues en los otros días les tocaba a dos hermanas menores. Los mayores no estaban en la cuenta, pues ellos les consagraron las manos al corazón de Jesús, y los menores aún no estaban en edad de ir a misa.

Mi casa distaba de la iglesia dos cuadras y media, y en ese trayecto, mi mamá, cada cierto tiempo, cuando ella consideraba que ya teníamos suficientes pecados acumulados, nos hacía un recorderis a los dos pecadores que íbamos a su lado, y nos enumeraba las posibles faltas que habíamos cometido, diciendo en voz alta, a lado y lado, para que cada pecador oyera claramente:
·                                           ¿Ha desobedecido?                           ¿Ha desobedecido?
·                                           ¿Ha dicho mentiras?                          ¿Ha dicho mentiras?
·                                           ¿Hizo las tareas?                               ¿Hizo las tareas?
·                                           ¿Ha peleado?                                    ¿Ha peleado?

Después de enumerarlos, venía el pecado más tenebroso de todos:

·                                           ¿Se ha tocado el pipí?                       ¿Se ha tocado el pipí?

Por supuesto, en esa edad ni siquiera sabía que tocarse el pipí era malo, ni siquiera sabía qué de bueno tenía tocarse el pipí. Yo creo que fue mi mamá la que me incitó a pensar en esas cosas “malas”, que a mí ni se me habían ocurrido. Creo que apenas ahora estoy entendiendo esos pecados tan terribles. A uno le iban metiendo pecados para la colección, los que estuvieran en el imaginario de mi mamá.

También sé que siempre me confesaba con el padre Slóbetz, un italiano grandote, que lo único que hacía cuando me arrimaba al confesionario, era reírse, seguramente sabiendo que siempre llegaba con los mismos pecados, unos pecados bobos, y él con la misma penitencias: tres avemarías. Ya con los años aprendí a cometer otros pecados menos bobos y más sabrosos.

También recuerdo los viajes a La Ceja, un pueblo a 40 km. De Medellín, a donde íbamos a visitar a unos tíos, especialmente tías, muy regañonas, con una frecuencia quincenal. Mi papá tenía un carro marca Lincoln modelo 1938, y siempre le echaba gasolina al salir para ese viaje. Entre el olor a combustible, el reciente almuerzo, y las 500 curvas que había hasta la casa de los abuelos, que ya no existían, y con siete u ocho muchachos en un mismo carro, pues en el camino se sucedían unos cuantos mareados, con unas cuantas vomitadas, a veces fuera del carro, pero otras veces adentro, con aromas espantosos y con más náuseas para el espantoso viaje. Al llegar a La Ceja, de ida, como al llegar a Medellín, de regreso, el trabajo obligado era lavar el carro por dentro y por fuera, al que no le pasaba del todo el olor a viaje.

Por último, recuerdo que por esos miedos tan terribles que nos metieron con ese Dios castigador, vengativo, que nos presentaron siempre, yo me acostaba y esperaba, que como El estaba viéndome por un rotico, se me iba a caer el techo encima por mis pecados terribles, como diciendo: “Ah, te cogí, te agarré, te vi, pecador infame; me las vas a pagar”.

A pesar de todo, recuerdo mi niñez como una época muy feliz, en compañía de mis hermanos y de primos, con la familia, a pesar de tías cansonas.


Un abrazo de ex-niños,


ALBERTO BERNAL TRUJILLO

domingo, 9 de agosto de 2015

PROHIBICIONES

PROHIBICIONES
Bogotá, agosto 9 de 2015

Hola, amigos:

Existen situaciones en las que no es comprensible el afán de los gobiernos, de las religiones, de las culturas, por prohibir lo que consideran que daña a la persona, sin tener en cuenta el libre albedrío, o como se dice ahora, el libre desarrollo de la personalidad. Cuando un acto personal daña o perjudica a los demás, o a un ser distinto, en particular, es lógico que no esté permitido ejecutarlo, como producir su muerte, o impedir su libertad, o en general, causarle algún tipo de daño. Allí pueden estar contemplados los actos contra la ecología, como ya vimos en la última encíclica del papa Francisco.

Pero el hecho de prohibir cosas, no siempre se hace por la protección, sino por satisfacer algunos intereses particulares en contra de alguien que propone algo novedoso, por ejemplo. Es el caso de la aplicación Uber, un sistema que presenta un sistema distinto, basado en la tecnología, pero que perjudica a los taxis que son tradicionales en todo el mundo. Y los perjudica porque no prestan un servicio de calidad,  porque no han sido capaces de contrarrestar los efectos benéficos de una aplicación que proporciona un bienestar para el transporte de quien quiere pagar los costos altos que tiene el sistema. Pero hay que prohibir.

O hay que prohibir unas gomas que están en el mercado, porque de pronto un niño se puede ahogar con ellas. También habría que hacerlo con las monedas, porque muchos niños se las han tragado siempre, y de pronto, alguno de ellos se habrá muerto. Y habrá que prohibir el uso de la tierra, pues todos los niños la  hemos comido en algún momento, y a algunos les ha causado daños en la digestión. Pero hay que prohibir. Creo que lo que hay que prohibir son los padres irresponsables que no cuidan a sus hijos, no las gomas.

También se prohíbe el uso de las drogas, como la marihuana y la cocaína, aunque el remedio sea peor que la enfermedad. Es peor el narcotráfico por estar prohibido su uso, y la corrupción que se genera, que el uso personal de las drogas, que es un problema de salud. Además, todo ello conduce a no causarle daño a la economía gringa, no a cuidar la salud de los colombianos. Un ejemplo de esto es que ahora que se produce la marihuana en EE.UU. ahora sí son legales su comercio y su consumo. Cada persona es libre de morirse de lo que le dé la gana, incluyendo la drogadicción. Pero hay que prohibir.

Está prohibido llevar un cortauñas en un avión, porque a los gringos se les ocurrió que es un arma mortal, y que con ella se pueden derribar otras torres gemelas. Hay que prohibir.

Se construyen en Colombia carreteras buenas de doble calzada, para mejorar los tiempos de desplazamiento, pero una vez se terminan, se prohíbe andar a más de 80 km/h, y en ciertos sitios, por disposición de algún alcalde genio, no se puede andar a más de 30 km/h. Pero hay que prohibir.

Está prohibido suicidarse, como si el suicida no tuviera el derecho a tomar su propia decisión de acabar con su vida, por cualquier razón personal. Pero la religión lo hace, porque no se puede dejar que las personas piensen por sí mismas.

Ahora el centro democrático, partido que tiene genios en sus filas, propone prohibir que los jóvenes menores de edad se casen. Primero, el matrimonio cada vez está menos de moda, ahora son novios, tiene hijos, y nunca se casan. Segundo, hoy los jóvenes cada vez más temprano son conscientes de sus actos, como la formación personal, la actuación delictiva, la decisión de tomar su rumbo en la vida. Mi abuela materna creo que se casó de 13 o 14 años. Siquiera no estaba prohibido hacerlo, pues si así hubiera sido, yo no existiría. Pero hay que prohibir.

Ahora quieren prohibir vender gaseosas porque contienen mucha azúcar. También deberían hacerlo con la venta de azúcar por libras, si fueran consecuentes. En vez de educar, les gusta prohibir cosas, para ejercer la autoridad.

El señor procurador de Colombia está furioso, porque la corte autorizó la eutanasia, y él la quiere prohibir, porque es muy católico, y como no quiere tomar esa decisión para él, quiere prohibirla también para los demás, “porque hay que prohibir”, porque sí. Y quisiera resucitar al señor de Pereira que se la practicó, para meterlo a la cárcel.

Ahora hay un gran número de personas muy católicas, muy creyentes, que están en contra de que los divorciados, o los separados, reciban la comunión en las iglesias, porque son indignos. Y están pendientes de ver quién es divorciado y está comulgando, para ejercer el derecho de veto, y condenarlo porque a ellos no les gusta. ¿A quién perjudica un hombre que comulga y los demás juzgan que no es digno como ellos para hacerlo? Pero hay que prohibir. No se pueden mezclar la escoria y el metal puro. “El fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros”. Gracias, Dios, porque yo sí soy bueno y puro, añado yo.

Los estados y las religiones prohíben cosas para poder castigar, para crear penas por infringir la ley. Se cree que éste es el principal rol de los dirigentes, cuando debería ser lo contrario, estimular el hacer el bien, el cumplimiento del bien, para dar ejemplo. No es sino leer un poco sobre las prohibiciones de ciertas religiones: en el islamismo no se permite el vino, los juegos de azar, el comer carne de cerdo; a los hombres, vestir seda; a las mujeres, mostrar la cara. Pero hay que prohibir. La lista de leyes en el mundo con prohibiciones absurdas es bien larga, y al final, lo que causan es risa y desprecio por el afán de que seamos buenas personas con leyes y normas locas, fuera de toda razón.

Hay una creencia de que creando delitos, se evitará cometerlos. Por el contrario, cuando algo se prohíbe, se torna un poco más atractivo para transgredir la ley. Como dice el dicho popular, lo prohibido es lo bueno.

Considero que los estímulos positivos son más beneficiosos para las comunidades y para las personas, que las prohibiciones de tantas cosas, sólo para satisfacer egos y creer que están a favor de cuidar a los demás.


Un saludo de amigo,


ALBERTO BERNAL TRUJILLO