domingo, 15 de mayo de 2016

EMPLEO INFORMAL

EMPLEO INFORMAL
Bogotá, mayo 16 de 2016

Hola, amigos:

En una página de Portafolio (http://www.portafolio.co/mis-finanzas/ahorro/ciudades-pais-informal-supera-80-104678) leo lo siguiente sobre el empleo en Colombia: “…En ambos casos, todo apunta a que no más de cuatro de cada diez trabajadores gozan de un puesto formal, lo que condena a los otros seis, de entrada, a un ingreso inferior”. 

Asegura, así no más, sin ruborizarse, que seis de cada diez trabajadores colombianos tienen menores ingresos por el solo hecho de ser informales, lo cual no es cierto. La informalidad no es la causa de bajos ingresos, así como la formalidad del empleo tampoco es la causante de grandes ingresos. No se puede escribir con esa esa irresponsabilidad y afirmar cosas que no son una realidad. Pablo Escobar no tenía un empleo formal, y no estaba propiamente en la ruina. 

El empleo formal es el que tiene como respaldo un contrato de trabajo entre el empleador y el trabajador, y en el que éste goza de todos los beneficios y obligaciones de ley, como son las prestaciones sociales, el pago de impuestos, la salud, etc. El empleo informal es, por el contrario, el que no cumple los anteriores requisitos.

 

Existen muchas causas para el empleo informal, y en ellas están involucrados como ejemplo, los empleadores que son explotadores de las necesidades de la gente, pero también existen los trabajadores que prefieren este sistema de trabajo, porque les reporta beneficios distintos a los que recibe con un empleo formal, como el poder disponer de su tiempo sin depender de un patrono; estar cerca de su familia, de sus hijos, de sus padres; tener mayores ingresos que el que ofrece el mercado laboral; disfrutar de la pereza; tener facilidad para cambiar de domicilio, de ciudad de residencia.

En alguna ocasión propuse en mi familia disponer de una sola persona para el servicio doméstico en tres casas distintas, en vez de tres empleadas, para que pudiéramos pagarle un salario mejor, y aportar las prestaciones de ley, cesantías, salud, afiliación a pensión, y una de las respuestas para no llevar a cabo mi propuesta fue que a las empleadas no les interesaba la forma de trabajo, porque se tenían qué desafiliar del Sisbén, (Sistema de Selección de Beneficiarios Para Programas Sociales) sistema colombiano que protege a las personas de estratos sociales bajos, aportando la salud, y ciertos subsidios y beneficios de vivienda, estudio, etc. Esta es otra de las razones por las que algunas personas no se formalizan en el empleo, porque pierden beneficios del estado, porque dejan de mamar la teta del estado (algunos), como el caso expuesto.

No todos los trabajadores informales quieren formalizarse. Entre los empleos informales se cuentan casi todos los tenderos, que atienden su negocio, por ejemplo, en su propia casa, y del que vive su familia con estos ingresos. También están las prostitutas, y algunas de ellas están en ese negocio no por necesidad, sino por gusto, y estoy seguro que no querrán cambiar su forma de vida y de trabajo. Entre los que prefieren la libertad para ejercer su trabajo, y que son informales, están algunos vendedores ambulantes, o loteros, vendedores de cacharros, dueños de puestos en plazas de mercado, taxistas independientes, dueños de puestos en nuestros “sanandresitos”, narcotraficantes, artistas callejeros, emboladores.

Y también en estos ejemplos de informalidad existen profesionales como abogados, escritores, diseñadores, contadores, internautas, médicos, farmaceutas, ingenieros, arquitectos, modistas, cantantes, bailarines.

Un trabajador independiente, de cualquier clase, tiene la oportunidad de formalizarse, aportando a los sistemas de salud, pensiones, pagar impuestos y acceder a la banca, por ejemplo, si quisiera. Este beneficio u oportunidad no son exclusivos de los que gozan de un contrato laboral.

Lo que quiero resaltar es que en las estadísticas de empleo en Colombia particularmente, y en otros países con alto porcentaje de informalidad, se hace énfasis en que el 50%, 60% o más del empleo, es informal, y nos dolemos por esta realidad. Eso está bien, en principio, pero a este dato debemos restarle un número muy grande de personas que están en esa situación porque así lo quieren, no porque estén discriminados. A un número alto de trabajadores no les interesa salir de la informalidad por diversas razones, ya lo comenté antes, y no siempre formalizarse o tener un empleo estable significa aumentar sus ingresos.

O sea, lo afirmo, la formalidad en el empleo no es buena en sí misma, así como la informalidad no es mala de por sí. Como todo en la vida, y como dijo Ramón de Campoamor: En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira. Las estadísticas sirven para todo, y se pueden interpretar de mil formas, de acuerdo a nuestro propio criterio, a nuestros intereses personales, a la manera como se quiera manipular a los lectores (en el caso de Portafolio que cité antes), en fin, a múltiples razones.

La centrales obreras deberían luchar más por mejorar entre sus afiliados y no afiliados la costumbre del ahorro, los  aportes a los sistemas de pensión, de salud, de seguridad general, lo que mejora la calidad de vida de cada uno de ellos. Y con mayor énfasis entre las personas trabajadoras que son independientes o informales.

A mí no me asustan esas estadísticas de informalidad. Lo que me asusta es la corrupción y la violencia, que no nos dejan prosperar, la explotación infantil, el uso de las drogas, la degradación de la familia, la politiquería, los malos políticos, todas causas de que los ingresos de los colombianos sean bajos en general. De modo que lo que nos debe asustar no es la informalidad, sino los bajos aportes para una vida mejor, que pueden hacerse desde allí, como el ahorro personal, los aportes a pensión, el pago de impuestos. Son costumbres sanas, y que se pueden hacer en la medida de sus capacidades económicas.

Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO

e-mail:negocios.alberto@gmail.com
Blog: 
http://condoreslibres.blogspot.com

sábado, 7 de mayo de 2016

EL CAFE COLOMBIANO

EL CAFÉ COLOMBIANO
Bogotá, mayo 7 de 2016

Hola, amigos:

El precio de los commodities o materias primas en el mundo son susceptibles de variaciones permanentes por muy disímiles circunstancias, como lo vemos con el petróleo, que varió en pocos años de us$ 150 el barril, hasta llegar a us$ 20 o 25 hace pocos días.

 

Con el café pasa igual, y me pregunto: ¿Cómo hace la Federación de Cafeteros de Colombia para trazar sus políticas frente a los mercados mundiales, y para definir si el negocio es rentable o no para los cultivadores colombianos?

 

Tengo un cuadro comparativo, basado en cifras de los precios del dólar, del salario mínimo y del precio del café, históricamente, apoyándome en las siguientes páginas de internet:

 

http://www.federaciondecafeteros.org/particulares/es/quienes_somos/119_estadisticas_historicas/

http://dolar.wilkinsonpc.com.co/dolar-historico/

http://www.officeformats.com/2013/01/historico-salario-minimo-en-colombia-desde-1950/

1

2

3

4

5

6

7

AÑO

PRECIO LIBRA

de CAFÉ

en dólares

VALOR DÓLAR

en pesos

PRECIO   LIBRA

de CAFÉ

En pesos de la época

SALARIO MINIMO En pesos

SALARIO MINIMO En dólares

PORCENTAJE

de una LIBRA DE CAFÉ SOBRE el SALARIO MINIMO

 

 

 

 

COLUMNA 2 

multiplicado por

COLUMNA 3

 

COLUMNA 5

dividido

COLUMNA 3

COLUMNA 4

dividido COLUMNA 5

1951

0.60

2.50

1.50

60

24

2.50 %

1954

0.91

2.50

2.28

60

24

3.80 %

1977

3.19

36.50

116.68

1.770

48

6.59 %

1984

1.50

94.47

142.01

11.928

126

1.19 %

2016

1.24

3.000.00

3.720.00

689.454

230

0.53 %

 

Lo que veo al comparar cifras, es que hoy, el precio del café, en términos de salario mínimo, vale casi CINCO veces menos que hace 65 años (1951) – (Columna 7). Si lo comparamos con las épocas de bonanza de los años 70, vale SIETE veces menos (1977).

 

Si hiciéramos la comparación en capacidad adquisitiva del dólar, probablemente llegaríamos a conclusiones muy parecidas. ¿Qué se compraba en el año 1951 con un dólar, y qué se compra hoy con un dólar? Un salario mínimo de hoy en Colombia, son 230 dólares, comparados con los 24 dólares que era el salario mínimo de 1951.

 

Sobre esto y sobre otros aspectos, con datos en la mano, se puede demostrar casi cualquier cosa, y encontrar algunas sorpresas. Las estadísticas dan para todo. Pero yo me hago estas preguntas:

 

¿La Federación de Cafeteros no fue creada para ayudar a los caficultores del país?

 

¿Entonces, por qué ese deterioro del precio del café en los días presentes, y por consiguiente, los resultados como negocio agrícola?

 

¿Es que no es posible defender el precio en los mercados mundiales?

 

¿Por qué se siembra aún tanto café en Colombia, con un precio tan bajo en el exterior?

 

¿Valdría la pena sustituir, por ejemplo, la mitad de los cultivos de café en el país, por otros cultivos más rentables, como los frutales, el aguacate, los cítricos, y otros más? Y viendo cómo se quejan siempre los cafeteros, con o sin razón, pues sería un buen trabajo de los agricultores, apoyados por varias de las Federaciones agrícolas, incluyendo a Federacafé.

 

Creo que uno de los grandes esfuerzos que tendría qué hacer Federacafé es lograr colocar este café con un plus adicional en mano de obra, como lo hace su negocio de Juan Valdés, adonde yo creo que se deberían enfocar los esfuerzos de mercadeo. Y ayudar a empresas como Colcafé, y otras similares, que también exportan productos con una mano de obra nacional incorporada en sus productos.

 

Lo anteriormente visto en el cuadro, es que los grandes países del mundo, los más ricos, como son los europeos y los EE.UU., como principales compradores de café colombiano, son, como sucede con tantas otras cosas, los dueños de los precios, los que propenden con su fortaleza a que los países productores materias primas o commodities como el café vean reducidos sus ingresos, a cambio de las riquezas de los países fuertes y dominadores en los mercados. Es una constante a través de los tiempos, ya es cosa sabida. Pero vale la pena reflexionar sobre este problema, y ser conscientes de nuestras limitaciones, pero también de nuestros objetivos como país.


Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO

miércoles, 2 de marzo de 2016

LA HABANA Y YO

LA  HABANA  Y  YO
Bogotá, marzo 2 de 2016

Hola, amigos:

¿Recuerdan la parábola del hijo pródigo? Al hijo que fue siempre fiel al padre, nunca le hicieron una fiesta como la que le hicieron a su hermano pródigo. Y por eso reclamó, pataleó, pero a su hermano le ofrecieron el mejor cordero para la fiesta, y celebraron su regreso, por la felicidad que su padre sintió al recuperarlo de su ingratitud. Igual pasa con la guerrilla. Ellos son el hijo pródigo del siglo XXI para nosotros los colombianos, una comparación no del todo cierta, pues ese hijo es pródigo por malgastar la herencia, no por volver a su casa; pero aceptémoslo como historia similar. ¿Qué ellos son asesinos, crueles, mentirosos, secuestradores, se ríen de nosotros? Sí, pero llega el momento de pensar y repensar las cosas, y decidirnos por acogerlos como al hijo pródigo de la biblia, y celebrar entre todos su regreso a las filas de la civilidad. Eso por lo menos es lo que recibí de enseñanza durante años de parte del cristianismo. Talvez será muy difícil aplicar esas doctrinas en nuestra vida diaria, pero es una realidad, igual que tantas enseñanzas religiosas, que se estudian, pero que no se aplican, como el amor y el perdón.

Yo personalmente creo que lo que se va afirmar en La Habana está hoy a la vuelta de la esquina, y también creo que el referendo se va a aprobar y esos acuerdos van a quedar en firme, y el país va a cambiar, aunque no al día siguiente de su aprobación y de la firma. Pero a partir de ese acontecimiento el país va a ser muy diferente, para bien de todos.

Es necesario desarmar los espíritus, bajar las armas, dejar los odios y empezar a amarnos como ha debido ser desde siempre. Pero los colombianos en general somos violentos, somos negativos, así las encuestas digan que somos el país más feliz de la tierra. Seremos los más rumberos, pero no los más felices. Colombia ha sido violenta desde sus inicios, desde su conquista, desde siempre. Somos muy dados a decir NO a todo lo que implique cambio, o a todo lo que nos digan que está mal, aún sin analizarlo en profundidad; nos dejamos influenciar por los líderes, que no son tan líderes, son más bien unas imágenes fatuas creadas a partir de nuestros miedos, y aprovechando a los medios de comunicación que manipulan y tergiversan las verdades, todas las verdades.

Y considero que todos, es decir, cada uno de nosotros, debemos hacer algo para el bien común. Analizando esta circunstancia, también pienso en mis propias circunstancias, y en lo que puedo hacer por conquistar el amor entre los colombianos, por desarmar nuestras almas, por propiciar el perdón, por poner mi grano de arena, más bien para quitar mi grano de arena en el desierto de los odios en este país. Una de las cosas que empiezo a hacer, que ya empecé desde finales de enero de este año, es bajarle el tono a mis palabras, o mejor, a mis mensajes en facebook. Fui muy propicio a enviar comentarios contrarios a la forma de obrar del señor Alvaro Uribe y de sus seguidores, a veces, muy seguramente, ofendiendo a mis amigos y a otros a quienes no conozco. Pero esa misma forma de actuar se vuelve en contra de uno mismo, y va llenando nuestras almas de incomprensiones, desacuerdos y al final de odios, que dañan los corazones, y deterioran las relaciones de amistad. Desde hace ya más de un año había dejado de pelear directamente en las redes sociales con mis amigos por el mismo tema, pero seguí enviando mensajes fuertes contra Uribe y sus amigos.

Hoy estoy mucho más tranquilo con el respeto a las creencias y comentarios de los amigos  contradictores, aunque no deseo dejar de opinar sobre cualquier tema que considere de mi interés o del interés general, pero ya sin agresiones, ya que con ello estoy contribuyendo a mi propia paz personal y a la paz del país. ¿Qué mis amigos adoran a Uribe? Pues que lo adoren. ¿Qué mis amigos hablen mal de las personas que admiro? Pues que hablen mal, allá ellos con sus creencias. ¿Qué envían comentarios ofensivos contra tanta gente que admiro? Pues allá ellos con sus odios. Yo ya dejé los míos, y vivo en paz. Ya me bajé de ese bus, del bus de los odios.

A Colombia hay que reconstruirla, y para ello, lo mejor es no destruirla con nuestras ofensas. Puedo, y podemos todos, aportar la discusión sin incluir en ella la ofensa, el comentario hiriente, las palabras soeces, las mentiras, la mala intención. Creo que el país está muy polarizado por cuenta de la intolerancia, del afán del poder, de los miedos; esa intolerancia nos afecta después a todos, pues podemos ser víctimas de la rabia, del odio, y también puede afectar nuestra propia salud física y mental.

De ahí se deriva el poco respeto a la autoridad, al policía, al alcalde, al presidente, personas que representan el orden, así no nos guste el policía, el alcalde o el presidente de turno. Es necesario protestar, pero siempre con argumentos y no con el odio en el corazón. Por eso me bajo del bus del odio en mis comentarios, sin dejar de expresar mis opiniones sobre los temas que sean de mi injerencia, y de protestar por las malas actuaciones del gobierno de turno. Usaré mis argumentos, mis creencias, pero con decencia y respeto por los demás.


Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO

miércoles, 10 de febrero de 2016

LA GUAJIRA

LA GUAJIRA

Bogotá, febrero 10 de 2016
Hola, amigos:

El asistencialismo es un problema y una discusión no de ahora, sino de toda la vida, sobre sus consecuencias, sobre la obligación de asistir y el derecho a tener comida, estudio, vivienda, cobija; pero hoy lo vemos reflejado nuevamente en La Guajira, siempre en ese departamento colombiano, (bueno, incluiría al Chocó en este lista) que tiene en su paupérrimo desarrollo el reflejo de sus habitantes y de su forma de vida. Pero especialmente de sus gobernantes. Es que el asistencialismo cae a veces en el error de no ir a las causas del problema, y lejos de eliminarlo, contribuye a que se mantenga vivo, y además a su réplica y reproducción. Lo ideal es identificar el problema en una sociedad, satisfacer las necesidades urgentes, y luego proporcionarles las herramientas, para que esa sociedad, con su capacidad y su discernimiento y con la ayuda externa, tome sus propias decisiones y mejore su forma de vida.

Como ha sucedido siempre en los medios de comunicación y en el país en general, ahora el escándalo de moda son los niños muertos por desnutrición en La Guajira. “Los niños se mueren de sed”. “Los niños se mueren de hambre”. “Los niños no estudian”. “Los niños están enfermos”. Siempre ponen los niños de mampara para así ocultar sus deficiencias. Y todo eso, por la incapacidad de sus padres, por la incapacidad también de esas etnias atrasadas y enredadas en su propia telaraña de destrucción.

Muchas veces se ha visto que el asistencialismo no saca a las sociedades de la pobreza, y eso sucede con los guajiros, pues son mendicantes, contrabandistas, corruptos, ladrones de cuello blanco, azul, verde, rojo, de todos los colores. Y me dirán que no exagere, que no generalice, pero es el retrato de una sociedad sobre la cual he oído infinidad de veces esos mismos conceptos, y saco conclusiones de mis propios análisis, y me reafirmo en ello.

Por ejemplo, las madres no quieren dejar de tener hijos, pues son su seguro de vida, su seguro de asistencia, su mampara. Este es el reflejo de lo que ellas piensan sobre su futuro.

¿El objetivo de la asistencia social es dar el pescado, o enseñar a pescar? El asistencialismo debe servir para mejorar las condiciones de los pueblos, no para mantenerlos subyugados, inconscientes de su pobreza, de su incapacidad, de sus necesidades, y sin encontrar la salida a sus problemas y a sus dolores. Pues los guajiros no quieren aprender a pescar, ya que es mejor recibir migajas del gobierno, que ser autónomos. ¿Qué guajiro habrá sembrado un árbol en los últimos tiempos? ¿Cuántos gobernantes guajiros, gobernadores, alcaldes, concejales, etc., están en la cárcel o son sujetos de investigaciones penales?

http://www.fundacionescerrejon.org/media/presentaciones/Presentacion_Alfredo_Fuentes_Web.pdf En esta página de El Cerrejón, leo que La guajira recibe el 9% de las regalías del país por carbón, gas, sal y transporte. Eso es muchísimo dinero, ¿A dónde están sus inversiones? ¿Hasta cuándo hay qué asistir a los guajiros, mientras contemplamos a sus gobernantes locales llenarse los bolsillos de dinero con sus trampas, sus robos, sus componendas? Claro que hay que ayudarles, pero ¿a cambio de qué? Por ejemplo a cambio de luchar por limpiar su departamento de corruptos, y a que reforesten su territorio, y a que encuentren soluciones para su falta de agua, y a que dejen de reproducirse como conejos, y a que acepten la ayuda de entidades como Profamilia, y a que cambien su vida de comerciantes de contrabando por un comercio legal, por una agricultura acorde con el clima de la región. Se pueden hacer muchas cosas desde el gobierno, con la ayuda de ellos mismos, con su propia voluntad, para salir de ese círculo de maldad, de pobreza, de miseria, de olvido.

Claro, en dos páginas de este blog, la cuestión se resuelve fácilmente, parece sencillo y no lo es, pero sí puedo aportar mi grano de arena y dejar una posición personal que ayude a solucionar en parte estos problemas que no son de hoy, son de todas las sociedades actuales y de las de ayer.

Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO

domingo, 31 de enero de 2016

FUTBOL

COLOMBIA Y EL FUTBOL
Bogotá, enero 31 de 2016

Yo creo que Colombia se parece a su fútbol y a la gente que lo rodea. En general, los colombianos nos creemos muy vivos, muy despiertos, y nos ponemos como ejemplo ante el mundo, sin embargo, con ello tratamos de sacar ventajas legales e ilegales en algunas situaciones de nuestras vidas. El fútbol no es la excepción. Veamos ejemplos de que lo que digo es verdad, analizando varias de las acciones que suceden a diario en nuestros torneos, aunque los jugadores que juegan en Europa se vuelven mucho más respetuosos de las reglas y se comportan en mejor forma. Los que vemos futbol con frecuencia, y hoy es casi todos los días, de Europa, de América y del resto del mundo, o por lo menos yo, comparo los procedimientos del futbol nuestro con el de otras latitudes, y la conclusión es que aquí somos muy irrespetuosos de la ley y del comportamiento decente.
·      Si un jugador comete una falta, el equipo ofensor, que debería ser respetuoso con el rival, saca ventajas en ese momento, y 1), uno de sus jugadores se para al frente del balón para no dejar cobrar; 2) los jugadores que hacen la barrera borran la espuma que el árbitro marca en el piso, se paran cada momento más adelante, y cuando el cobrador toma carrera, la barrera también, hasta ganarse uno, dos, tres metros, con desventaja para el equipo ofendido.
·      Cuando un jugador es golpeado por un rival, salen de su cuerpo todas las dotes de artista de circo, y da cuatro, cinco vueltas en el piso, se revuelca de dolor, así la falta haya sido un simple toque en la pierna o en la cadera. Pero eso sí, cuando el árbitro muestra una tarjeta al ofensor, el dolor se va, el agredido se levanta más rápido que Lázaro en el sepulcro, y da por concluida su misión de impactar al árbitro con su circense actuación. (No se compara con los ciclistas, que se caen, se rompen las piernas, y terminan la carrera sangrando y con el corazón en la mano).
    Si el portero es golpeado en el área chica, se sanciona la falta, pero el portero pone la pelota en el borde del área grande para cobrarla, es decir, unos diez metros más adelante, con algo o mucho de trampa y en deterioro del orden y la decencia. Y el árbitro, en silencio total.

·        En un saque de banda, el jugador que la ejecuta, en la medida en que busca un compañero para enviarle el pase, se va adelantando, sacando ventaja, por dos, tres, cinco, diez, doce metros… y el árbitro no dice nada.
·     Cuando una falta sucede en el campo, inmediatamente aparecen otros once árbitros, los jugadores de su equipo, que nadie los ha nombrado como tales, incluyéndolo a él, y piden que el árbitro oficial saque una tarjeta y se la enseñe al ofensor, y rodean al árbitro oficial, y lo amenazan, y allí pasa otro minutico.
·        Cuando un equipo va ganando el partido, de lo que se trata es que de los noventa minutos de reglamento, se juegue la mitad y para ello el portero camina a un km/h, devuelve al recogebolas la pelota y lo reprende por ser éste tan ágil, les pide a los compañeros que se coloquen en el lugar que él cree conveniente, y en cada saque desde el arco, pasan 60, 90 segundos, que suman para su ventaja. Igual pasa cuando la pelota sale del campo: el portero, en vez de ir por ella, sale hacia adelante a reprender a sus compañeros, y ahí son 15, 20 segundos más ganados… y el árbitro no dice nada.
·     Al cobro de una falta cerca de una portería, el árbitro, que tiene toda la autoridad en el campo, se acerca a decirle a cada pareja de jugadores que no se agarren, que se traten con cariño, que no se digan palabras feas, que no se cojan de las… camisas, en vez de dejar que se juegue y si sucede alguna falta, pues con su autoridad saque unas tarjetas, cobre falta, cobre penaltis. Pero no, allí pasan uno, dos o tres minutos, que favorecen generalmente al ofensor, y no al ofendido, como es lo lógico.
·       Si faltan diez o quince minutos para terminar el partido, cada golpecito que le pegan a un jugador del equipo que va ganando, que generalmente es el portero (porque a éste no lo pueden sacar del campo), se convierte en un drama, en una demora de tiempo, porque el jugador se va a morir, se va a desangrar, se necesitan los paramédicos, los masajistas, los ayudantes, los enviados del entrenador, y allí pasan dos o tres minutos más para su causa.
·      Así somos… cuando se va a cobrar un tiro de esquina, no se pone la pelota dentro del triángulo allí demarcado, sino que se pone dos centímetros delante de la raya que lo demarca, que es ilegal, como si estos centímetros de menos en la distancia fueran definitivos para marcar un gol. Pero así somos ¿y qué?...
·        La regla dice que las camisetas deben estar por dentro de la pantaloneta, por presentación y por uniformidad, pero no, los jugadores colombianos la manejan por fuera y algunas veces con las medias caídas, que tampoco se permite. Pero… y el árbitro no dice nada.
·        Cuando se mete un gol, lo procedente, según los jugadores, es celebrarlo el mayor tiempo posible y sacar ventaja en tiempo. Cuando el equipo va perdiendo, la celebración es poca, y rápidamente al centro del campo para seguir el juego. Y el goleador, se quita la camiseta, que no está permitido, y le sacan tarjeta amarilla, perjudicando al equipo, como si el juego no fuera en conjunto, entre once y no un juego individual. Pero así somos.
·        Y la falta de autoridad… En todos los casos anteriores, la falta de autoridad del árbitro es el reflejo de la falta de autoridad en todo el país. Un alcalde, como autoridad, despeja una calle de vendedores ambulantes, pero en poco tiempo ya estará lleno de los mismos personajes que son generalmente explotados por una mafia del espacio público, a quienes tienen qué pagar una gran parte de sus ingresos para su gran negocio comercial. Y así somos.
Como vemos, el mundo del fútbol se parece mucho a la vida corriente del país, tratando de sacar pequeñas o grandes ventajas de cada situación, y no se juega limpio, no se respeta al contendor ni al país. Así somos, decimos, ¿y qué?...

Un abrazo de amigo,

ALBERTO BERNAL TRUJILLO